Val. Anda que sí dió, y áun razonable.

Dol. ¿Qué, por mi vida?

Val. No cosa.

Dol. Ea, dilo ya.

Val. Cien monedas de oro.

Dol. Desas estocadas que te tiren muchas, no será mucho que quedes mal herida.

Val. Así me parece; mas por mi fe que te las trocase por las albricias que de Selvago has de haber.

Dol. Sabes que veo que más vale páxaro en mano, que las tienes seguras, y yo no sé lo que sucederá; mas mira si me mandas alguna cosa, que quiero luégo allá llegarme.

Val. No más sino que vayas en buena hora, que en la mesma, á pesar de gallegos, tornaré yo adonde salí; mañana voy allá á saber lo que ha pasado, y luégo aquí á holgarme contigo un poco.

Dol. Pues vendrás ántes de comer, porque comas juntamente con nosotros, que aunque no sea la comida como tú mereces, recebirás la voluntad.