Risd. Vesle, ya entra.

Fler. ¡Oh mi señor Selvago! eso sí que me contenta, y no mostrar la flaqueza de ayer.

Selv. Mi señor Flerinardo, á ira de Dios, como dicen, no hay casa fuerte; mas pues de mí, poco más ó ménos, podréis conocer como en mi pena me ha pasado, resta que cómo en vuestra fatiga os ha contescido me declarés.

Fler. Por lo que vos sentis, mi señor, quiero que eso conozcais; pues la dolencia es tal, que más por esperiencia se puede devisar que por palabras ajenas entender.

Selv. Pues sabed, señor, que no puse en olvido lo que me dixistes; ca sabed que lo comuniqué con mi señora Funebra, y viene bien en ello.

Fler. ¡Oh mi señor Selvago! ¿y es verdad lo que decis, ó haceislo por me conhortar?

Selv. Cierto, señor, así pasa; por tanto sed alegre, que si tan seguro estuviese yo en mi pena como vos en vuestro deseo, no me sería trabajosa, porque desde aquí os doy por vuestra á mi hermana, y yo por tal os recibo.

Fler. Mi señor Selvago, si las mercedes que de vos contino he recebido por entero hobiese de gratificar ó servir, muy más grande habia de ser mi valor; solamente con esto os pienso de pagar, que es ponerme en vuestro poder para que de mí y de lo que poseo podais enteramente á vuestra voluntad disponer; pues no sólo hoy con vuestro prometimiento me habés dado la vida, mas de muy cruda muerte redemido.

Selv. Señor Flerinardo, más que eso merece vuestra generosa persona; mas decidme, ¿habeis visto á vuestro criado Escalion?

Fler. Agora en el camino me vido, y pienso que se vino tras de mí.