Selv. Risdeño, mira si está Escalion en la posada.

Risd. Con el señor Flerinardo vino, y díxome que le diese de comer, que estaba ayuno por andar en vuestro servicio.

Selv. Él tiene mucha razon; vé tú, mira si se le dió, y en habiendo comido, dile que se allegue aquí.

Risd. Luégo se hará.

Fler. Decidme, señor Selvago, ¿y qué concertastes con aquella buena vieja?

Selv. No más de que tomó, al parecer, muy á pechos el negocio, y á eso quiero enviar á Escalion para que sepa si se ha negociado algo.

Fler. Bien me parece; sea pues luégo, que veisle viene.

Esc. Señor Selvago, ¿qué me quereis mandar, que presto soy?

Selv. Que reciba de tí tanta gracia, que te llegues en casa de Dolosina á ver lo que ha negociado.

Esc. ¡Oh señor, y cómo soy afligido en no poder cumplir vuestro mandamiento!