Selv. ¿Cómo así?

Esc. Mandé ayer once varas de anascote á una su criada con protestacion de se las llevar hoy, y no sólo no las tengo, mas ni áun de qué comprallas, que por la santa letanía más pobre estoy que puta en cuaresma; no sé si la moneda ha tomado miedo de mí, como los hombres, que así huye de verse en mis manos.

Selv. Pues por eso no quede, que si de anascote se las mandastes, á fin de que vaya adelante tu palabra, yo te las daré de carisea para que se las dés.

Esc. Señor, bésote las manos por la merced, que por venir á tal tiempo la estimo en más.

Selv. Pues anda, Risdeño, á mi recámara y dáselas, y otras tantas para él, con que se vista, que más le debo yo por andar tan de buena gana en mi servicio.

Esc. ¡Oh señor Selvago! agora digo que me has puesto en tanta obligacion que, por las encendidas brasas de San Lorenzo, si Dolosina no trae buen recaudo de ir yo con mano armada á casa de Polibio, y á pesar de quien me lo quisiere estorbar, sacar á su hija Isabela, y la poner en tu poderío, mamparándote de todo el mundo que sobre el caso te quiera dañar; pues sólo con saber que soy yo de tu parte, no habrá alguno tan fuera de sentido que contra tí quiera ser, por no desmamparar su cabeza.

Selv. Bien se cree de tí, Escalion, que harias como dices; mas agora, como te hayan proveido, irás donde te tengo dicho.

Esc. Señor, pues así lo quieres, así sea; mas mejor fuera de una vez echar á un cabo estos negocios. Alto, señor Risdeño, agora se verá vuestra amistad, que, pues está en vuestro poder, no sea la carisea de lo peor, no se diga por vos, bueno os lo dan; ¿entendéisme?

Risd. Por mi fe, Escalion, que es de lo mejor que alza cola en esta tierra; veis aquí veinte y dos varas en dos partes.

Esc. Bien es como dicis; mas lo uno se me quede aquí hasta la vuelta, y quedaos á Dios, que voy de priesa. Mi fe, Escalion, á muchas destas pedradas podria ser que te echasen los sesos de fuera, mas por mi fe, bien mirando en ello, que es gran liberalidad para mí ésta, que dé carisea por anascote, y tanto en quantidad á la coxita de Livina: cierto que será mejor tramontallo sin dalle cosa, que seguro estoy que no me pida delante el alcalde la palabra: mas ¡qué digo yo! ¿no es aquélla Dolosina? ella es, que aldear trae. ¡Oh señora Dolosina! vengas en buen hora, que bien has sido deseada, y á buscarte iba á tu casa, y á cumplir mi palabra con Livina y darla por anascote carisea, porque sienta á quién hizo placer.