Dol. Hijo Escalion, placer he que cumplas lo que con ella pusiste, por ser de hombre de bien; mas si te parece, porque no trabajes tanto, déxalo en aquella casa á guardar hasta la vuelta.
Esc. Bien será, así lo quiero hacer.
Dol. Y áun de estos bobos son los que yo he menester, que por hacerse liberales y ser tenidos por generosos, hinchen mi casa, y dejan la suya vacía.
Esc. Madre, ya lo dejé, vamos presto á la posada, que si has negociado bien, yo te mando por tus albricias doscientos pesantes de oro.
Dol. Lo que fuese sonará, y allá lo sabrás.
Risd. Señor Selvago, ya viene Escalion y la vieja.
Selv. ¿Qué me dices, Risdeño? ¿es posible?
Risd. Sí, por cierto, que ya llegan cerca.
Selv. ¿Miraste qué rostro traien, alegre ó triste?
Risd. Bien placentero á lo que parece.