Selv. No lo creo.
Dol. Luego ménos tendrás por verdad lo restante, quando en eso pones dubda; mas si te diese yo un testimonio firmado de su mano, ¿daríesle crédito?
Selv. Entónces sí; mas porque eso es imposible, por tal esto otro tengo.
Dol. Si yo te lo diese aquí, luégo ¿qué mercedes me daries?
Selv. Ningunas serien bastantes.
Dol. ¿A lo ménos?
Selv. Lo que mi posibilidad pudiese.
Dol. Pues agora quiero ver en tus mercedes quánto la nueva estimas, y cómo galardonas á quien en el filo de la muerte se ha visto hoy por tu causa; mas dejadas razones por escusadas, sábete que Isabela te ama cordialmente.
Selv. ¡Oh santo Dios, y qué oigo! ¿Y es esto posible? Por tu te, madre y señora, dime la verdad, y no quieras por darme alguna pequeña esperanza al presente, hacer que en lo venidero reciba muerte cruda y dolorosa.
Dol. Pues más te hago saber, que esta noche has de ir por su mandado á la hablar por la fenestra de su aposento, al punto de la media noche.