Selv. Ya, ya, ya, agora digo que es ficcion todo lo que me has dicho; pues eso es tan imposible como sería posible baxar los planetas y signos celestes á tomar asiento acá en la tierra.

Fler. Señor Selvago, no tengais tan poca confianza en esta noble dueña, que en sus palabras pongais dubda, quanto más que cosa es virisímil, si Isabela os ama, daros este favor, mereciéndole vos tan bien.

Selv. ¡Oh mi señor Flerinardo, no me digais tal, que no puede ser que mi señora tantas mercedes, siendo tan pequeño mi valor, me quiera conceder!

Dol. Pues sabe, señor, que así es verdad, como tengo dicho, y por esta carta escrita por su mano lo podrás fácilmente conocer.

Selv. ¡Oh mi buena señora! ahora os creo, agora siento que decis verdad, agora bien conozco mi mucha infidelidad y engaño manifiesto.

Dol. Toma, señor, léela, y siendo certificado de mis palabras, veré en quánto la nueva, para tí tan dichosa, estimas.

Selv. ¡Oh papel bienaventurado, pues fuiste merecedor de tocar aquellas diafanas y ebúrneas manos de mi seráfica dea! dime, yo te ruego, en un punto, por aquella gran gloria que en aquel tiempo recebiste, el secreto que en tí viene esculpido; porque más presto mi fin ó mi vida gloriosa se cumpla.

Fler. Señor, mirad lo que dentro viene y dejaos de palabras, que traen poco fruto.

Selv. ¡Oh mi señor! dejadme gozar por entero de tan gran bienaventuranza como tengo presente, pues con ello solo mi vida bienaventurada consiste.

Fler. Lugar habrá para todo, haced agora esto.