Esc. Iza, iza, ojo á la ventana.
Rub. ¿Quién es aquélla, Escalion?
Esc. Libina es, que nos llama.
Sag. Buena moza es, por mi vida, si la pieza es tal como la muestra del paño.
Esc. Presto seréis fuera de esa duda; mas ahora entremos.
Dol. ¡Oh mis hijos! ¡Oh mis emperadores! tal se me torne el bien qual vosotros me pareceis.
Sag. ¡Qué enjaezada parola tiene la noble! mas qual yo y ella somos, tal salud la dé Dios.
Dol. Entrad, mis señores, que todo es vuestro, y como tal lo podeis tener, juntamente con su dueño.
Sag. Madre señora, en buen hora estés tú y la compañía y el ofrecimiento te tenemos en soberana gracia, que de la mesma manera de nosotros te puedes servir y en ello estamos muy aparejados.
Esc. Dime, madre, ¿quién es aquella dueña que allí está?