Dol. La que, hijo, te dixe hoy que era ama de Isabela y gran amiga mia, que por me hacer á mí merced, hoy se vino á estar con nosotros.

Esc. Pues, señora, hazme merced que mandes baxar aquí á Lelia y á Claudia, que estos mis señores compañeros en tal la recibirán.

Dol. ¡Ay hijo! ¿no ves que están las cuitadillas, mal pecado, desnudas, entendiendo en el comer? mas ten paciencia, que tiempo habrá para todo; mas esto aparte, por tu fe, Escalion, que me digas, ¿estos gentiles hombres son de la ciudad ó forasteros?

Sag. Madre mia, de aquí somos naturales.

Dol. Pues decidme, señores, quién fueron vuestros padres, porque si lo que decis así es, no puede ser sino que de mí seais conocidos.

Sag. Sabe, señora, que yo soy hijo de Sempronio, criado de Calixto, y de Elicia, y este mi compañero es de Parmeno y Areusa, donde por la familiaridad que nuestros padres tuvieron, ansimesmo por el parentesco que entre nuestras madres hobo, entre nosotros tenemos muy firme amistad y bien querencia.

Dol. ¡Oh mis buenos hijos! por mi salud, que os he de abrazar, ca sabed que no pequeño conocimiento tuve yo con vuestras madres, ántes que desta tierra Parmenia mi madre me llevase, y áun, por mi salud, que cuando volví y supe el desdichado caso que á las dos acaesció, que no fué mi dolor pequeño.

Esc. Pues dime, madre, ¿qué les aconteció?

Dol. No fué nada, hijo.

Esc. Dilo ya, madre.