Dol. ¡Oh quién fuera en ese dorado siglo!

Risd. Burlada te halláras, porque á las mujeres les era vedado.

Dol. ¿Qué decis? no lo creo.

Risd. Pues sabe que era ansí, que tenian por averiguado ninguna mujer que bebiese vino ser casta, y despues acá por el apóstol fué dicho que en el vino estaba la luxuria.

Dol. Cierto, gran crueldad hacian éstos con sus mujeres, pues que tanto bien les vedaban.

Risd. Ántes les hacian honra, y si ellos lo bebian, más era por ser fuertes en las batallas que tenian que por el apetito del cuerpo; más digo, que algunos mataron sus mujeres porque lo bebieron, y ninguna pena por ello les fué dada, lo que agora, no solamente á las mujeres se consiente, mas á los infantes pequeños muy contra toda razon se les da, porque dado caso que los ponen en mala costumbre, acórtanles la vida, porque siendo el niño en sí muy cálido por razon de la sangre que tiene nueva, y el vino ansimismo siendo caliente, dos extremos juntos consumen la vida al que ansí le fué dado; mas esto aparte, señores compañeros, mirad que es mucho retozar ése, especial estando quien lo vea á diente.

Sag. Señor Risdeño, no tenés en eso más razon que un bonete redondo, que si vos sois corto, echaos á vos la culpa, que buenas mochachas tenés al lado.

Risd. Eso será para pedilles consejo en algun arduo caso.

Sag. Anda, señor, que el pajar viejo, desque encendido, malo es de apagar.

Risd. Bien es verdad, mas hasta en eso es el trabaxo, y tambien aquí no hay lugar de lo que decis, porque si yo mostrase mas favores con alguna de estas señoras, la otra con razon de mí se podia quejar.