Claud. Donoso está, por mi vida.

Risd. Mas si alguno de vosotros, señores, quiere comigo trocar asiento, no recibiria pequeño servicio en ello.

Esc. Qué, ¿áun servicio ha de ser?

Risd. Ya veis, señor, si tal persona como yo se sufre hablar en otros términos.

Dol. Volvedme, hijos, el jarrillo si habés hecho con él.

Esc. ¿Ya se acabó eso otro?

Dol. Sí, hijo, que, como Risdeño echaba en sus dos estómagos, con lo que nosotras bebimos concluyóse presto.

Esc. Toma, madre.

Dol. ¡Ay hijos, y cómo os habeis habido tan cruelmente con él, que casi tripas no le habeis dexado!

Risd. Por mi vida, que son buenas las olivas, y que siempre las acostumbro por me hacer buen estómago y me quitan la sed de la tarde.