Isab. Mi señor, no me parece bien lo que haces.

Selv. Descanso mio, si te di paz en pago de la guerra que contino me haces, fué por cumplir con lo que á generoso ánimo se debe, en dar bien por mal.

Cec. Bien alega de su derecho el magnífico, y áun, por mi vida, que, segun de las vísperas entiendo, que en el disanto, él de queja y mi señora de doncella, han de ser libres; por lo qual será bien del mal no tanto, y hacerme entre ellos teniente y darles las manos, porque, segun se presume de los gentiles hombres de este tiempo, no será mucho que diga, andando dias, si te vi no me acuerdo. Ora, mis señores, bien será que lo que se ha de hacer tarde se haga temprano, y seais por mí desposados miéntras más á vuestra honra se ordena.

Selv. Mi señora, ¿teneis por bien lo que vuestra doncella ha dicho?

Isab. Señor mio, por eso fué mi venida en el presente lugar.

Selv. Pues, en nombre de Dios, que yo recibo, aunque indigno, las mercedes.

Cec. Alto, pues, dadme las manos; vos, señora Isabela, ¿quereis por marido y por esposo á Selvago, que presente está? y no aguardeis á tercera vez, no se canse el zorriote, pues será escusado por faltar madrina que del trenzado estire.

Isab. Digo que sí.

Cec. Y vos, señor Selvago, ¿quereis por tal á Isabela?

Selv. Sí, con entera voluntad.