Cec. Dios os haga largos tiempos buenos casados. Agora no resta sino que se provea la colacion, y mirad que no os suelto mis derechos, aunque otrie haga las velaciones, que se lleve las arras.
Selv. Buena doncella, por el presente, en pago de lo que decis, recebid esta medalla que en vuestro cuello os pongais, no perdiendo la esperanza en lo porvenir.
Cec. Mi señor, aunque por el tanto no se dixese, no quiero dexar de recebir mercedes que con tanta voluntad son ofrecidas; y, por mi vida, que si de tal manera me pagasen todos, que no dexase de tomar las manos cada dia á diez ó veinte docenas de personas, y áun les soltaria lo de futuro; mas ¿qué digo yo? ¿y esa palabra es la primera que os hablais? tá, tá, tá, no paro más aquí.
Isab. ¡Oh mi señor, por Dios os ruego que no hagais tal, porque me perderéis para siempre!
Selv. Mi señora, ántes os tendré más ganada; y por tanto perdonad mis atrevidas manos, que jamas pensaron os deservir.
Isab. ¡Cómo! ¿y tanta desvergüenza ha de pasar y áun delante testigos?
Selv. Así, siendo por ellos certificado, despues tendré por verdadera la gloria que al presente consigo.
Cec. Eso me parece bien, que anden barbas y callen cartas.
Isab. ¡Ay desventurada yo! mi honra perdida, mi vida acabada, ¡ay, ay!
Selv. ¿Señora mia, señora mia? ¡ay traidor de mí, que tanto mal he cometido contra quien de muerte á vida me habia redemido! no será sino que con esta espada de mí tome rabiosa venganza.