Risd. ¡Oh, cómo por este caso de Selvago ha parecido verdadero aquel dicho del sábio que dice que los principios, á buen propósito enderezados, no pueden haber desastrados fines! Habés considerado el fin de los amores tan excesivos, aunque castos, de Selvago, mi señor, cómo sin ser el caso descubierto, tan á su honra ha conseguido el fin de sus deseos, habiendo sido desposado, con voluntad de sus padres, con su señora Isabela, celebrándose juntamente las de su gran amigo Flerinardo con su hermana; de cierto que él debe más que otro alguno dar muchas y muy cumplidas gracias al Señor, que de todo ha sido causa, pues tan conforme á su apetito y voluntad todos sus negocios le han sucedido; mas ¿qué digo yo? y ¿quién es este medio doctor que á mí se viene? estranjero parece en su hábito, quiérole hablar y sabré de dónde trae camino. Hombre honrado, si no lo habeis por pesadumbre, reciba yo de vos tanta gracia, que vuestra venida en esta tierra me declarés; pues, no sólo vuestro hábito pone admiracion á quien le mira, mas vuestra reverenda persona causa deseo de saber dónde se enderece.
Cratino. Buen amigo, sabed que yo soy de aquí natural, aunque há grandes tiempos que por estrañas naciones he caminado; por lo qual os pido de gracia que me digais si teneis algun conocimiento con los que en esta casa, donde vos poco há salistes, habitan.
Risd. Señor, sí; ved qué en ello me mandais.
Crat. Que me dixésedes si un caballero, que Polibio se llama, vive en ella.
Risd. Sabed, señor, que ansí es como decis, y áun en ella hoy se celebra gran fiesta, por causa de dos solemnes desposorios que en ella han sido hechos.
Crat. Pues, señor, en lo uno me habeis hecho la merced, en lo otro no me falte vuestra cortesía en me decir quién son los que tal acto constituyen.
Risd. Un caballero llamado Selvago con una hija de Polibio, asimesmo otro caballero dicho Flerinardo, no desta tierra, con una hermana del mesmo Selvago, que, por la fiesta ser más solemne, hácese todo aquí junto.
Crat. ¡Oh gran Dios, y qué oigo! ¿y es posible que aquí esté Flerinardo?
Risd. Decidme, señor, ¿conoceis vos á Flerinardo?
Crat. E áun traigo las mejores nuevas para él que jamas pensó oir; por tanto guiadme donde está, que en su presencia sabréis el caso á vuestra voluntad.