Ser. Pues tráeme, Violante, así el alto Señor te cumpla lo que más deseas, una caxa de acorza, porque comeré un bocado, que muy angustiada me siento y de parte del corazon me vienen grandes desmayos.

Viol. Héla aquí, señora; pero tengo pensamiento que te haces preñada, porque ya me parece que es tiempo, pues há cerca de seis meses que estás casada.

Ser. ¡Bien está en la cuenta; por mi fe, á causa de la incapacidad de mi marido, y á causa de su demasiada impotencia, me estoy tan vírgen como el dia en que nací; estáme esotra diciendo del preñado!

Viol. ¿Digo algo, señora? pienso que estoy en lo cierto, porque callas.

Ser. Digo, hermana Violante, que eso fuera y mañana pascua, pero si tan derecha te vas acostar.....

Viol. ¡Amarga de mí, y si es verdad lo que por la ciudad se suena que su marido no es para mujer! ¡Ay! digo que estará estotra donosa, moza y fermosa y rica, y que le falta lo mejor. Como es buena cosa el hombre sin manos, pues dos mujeres en la cama tan bien parecen, qual sea su sueño; pues guarde el cuerno, que de allí se suele levantar la tos á la gallina: como se contentan estotras mucho que les guarden la fe sobre tal caso, no me maravillo, sobre que la noche quel marido no habla con ellas, otro dia no les veis el gesto. Andase estotro la mitad del tiempo fuera de casa, y despues piensa cumplir con palabras; áun no sea verdad lo que se suena de Evandro, ¡ay! digo yo que sería la burla coronada.

Ser. ¿Qué hablas entre dientes, Violante? Véte á dormir.

Viol. Acá lo ha Marta con sus pollos.


CENA CUARTA.