EN QUE SE INTRODUCEN
ARTEMIA. — ILIA. — VIOLANTE. — SERAFINA.
Art. Pues, hija Ilia, ¿estais más consolada?
Il. ¡Oh desventurados huérfanos! que así como carecen de defensor en faltalles el padre, así carecen de todo bien, y faltos de las cosas necesarias y ajenos de todo sosiego, y acompañados de asaz trabajos, pasan su desconsolada y ansiosa vida, procurando todo el mundo de los danificar, y áun las gentes se traen por refran: á él, á él, que no tiene padre; aosadas que no sin causa el derecho les llamó miserables personas porque todos no entienden salvo en les acumular unos agravios sobre otros; pues los tutores lo hacen bonico, qual dicen duelos, tal les dé Dios la salud, que no gastan tiempo sino en destruilles los bienes, y entre sí, ellos burlando, se andan diciendo al menor vendelde la raíz, comelde lo mueble, y despues haga lo peor que viere; no sin causa aosadas por grande maldicion está dicho en el Salmo: sus hijos sean huérfanos y su mujer viuda.
Art. ¡Jesus, Jesus, y tanto sabes! y bachillera me parece esta moza, maravillada me estoy; ¿y qué será esto, mezquina? y ha estado en estudio.
Il. ¿Qué está la vieja razonando? sin cuentas ¿qué reza?
Art. Dios, hija, lo remedie todo, que bien estás en lo cierto; pero el tiempo es largo, échate ahí á mis piés, y Dios nos recuerde á buen sueño.
Il. Lo que sé quiere la mona piñones mondados; eso me dices por la ley de Dios, como dice el beneficiado de San Polo, que amanecia el mozo á la cabecera.
Art. Pues mira, fija Ilia, que no me descobijes.
Il. Y áun en eso ha de parar la conseja.