Art. Ilia hermana, reposaos; mirá, pecadora de vos, qué mal es el que os toma, que debe ser mal de fuera y me habeis cuidado ahogar.
Il. Mejor te ahorquen, que no tienes entendida quán honda va la conseja; sobre que está metiendo tanta obra como caballo garví y tengo necesidad de tenerme á las crines, está disimulando haciéndose de nuevas; aosadas que dicen bien, que pajar viejo es malo de apagar, pero ya es hecho tras lo que andaba, quiero hacer otra vuelta del inocente y abaxarme á los piés, porque no sé qué me diga de lo pasado, y haciendo esto veré en lo que para la negociacion, y como viere así haré; mas mucho me paresce que está tascando en el freno, bien toma la sal, pienso que poco habria que hacer para domalla, pues para hacella andar, aosadas, que no soy yo el primero que le echa las trabas, segun anda de dos en dos.
Art. Donosa moza es ésta, que bien talludo tiene el virgo; á la fe, á los piés de su madre. ¿Vídose tal engaño jamas? Y aquesto no debe ser sino alguno por burlar le hicieron vestir en hábito de mujer, y debe ser algun mozo bonazo, y ándase de casa en casa como mostrenco; áun no sé qué me diga, que mucho ha callado, lo qual es señal de gran cautela. Pues lo poco que habló, un jurista no dixera más á mi ver. Desatinada me tiene, no sé á qué fin fué su venida. Quiero metelle en pláticas, y podrá ser que atine en algo de lo que me conviene saber, y quiero hacer que no siento, y podré con él refregar un poco mi hilado y jugar á la gana pierde, ó en el saco al pié del hoyo, porque mozo me parece de muy buen fregado, y creo que no se hará mucho de rogar, segun es redomado, como potro; de manera que complacelle quiero y lavar bien mis madexas, que esto no es cada dia, y sacaré mi vientre de mal año, que ya no puede ser más negro el cuervo que las alas, y áun, aosadas, que pocos cocos son menester hacelle para que torne al juego; pues en lo demas es falto, tómenlo por descaminado, que tanto tiene como un borrico de dos años, y aosadas que dicen bien, que boyezuelo malo en el cuerno cria; pero roncando está, y aunque le doy del pié no siente, ¿qué será esto, si hace del ventero? Hija, Ilia, ¿dormis? subíos un poco acá y contarme heis qué mal es el vuestro, pues es bonico, hija, bonico; subíos paso.
Il. Si lo dixo al sordo, no al perezoso, que ya lo tengo adobilado.
Art. Bien será hacer que no siento, por mejor efectuar mi propósito; paso, paso, Ilia, que no os corren moros ni va tras vos el toro; con todo eso es pena con estos rapaces que no saben sino á sordas y á locas cumplir su voluntad, y á los otros que los papen duelos.
Il. Quien vido la vieja haciendo del estado, con las tocas largas, con las haldas luengas, los ojos baxos, muy honesta en sus pláticas, y á buena fe, la cordobesa no es tan disoluta en la cama, que no lo puedo más encarecer, aunque está ganando á cuatro dineros como cada hi de vecino; por mi fe, espantado estoy, y hame de comer, si así me trata no amanezco vivo, que no me ha de dexar quitar de encima; por esto se debiera decir: arregostóse la vieja á los bredos, ni dexó verdes ni secos; bien será hacer del modorro y volverme de concha, y así andaré granjeando, que ella quede contenta y yo bien pagado. Pero mucho digo, porque Salomon dice que ni el infierno nunca se harta de ánimas, ni el fuego de quemar, ni la tierra de agua, ni la mujer desta salsa de lo mal cocinado, y á la clara parece, la experiencia cada dia la vemos, y éste las debe dar causa á ser tan desolutas, de que pierden la vergüenza; aosadas que por esto dice Sant Bernaldo, más milagro es estar con las mujeres y no pecar, que no resucitar muertos: así que bien es que por un rato se quede al sol de Dios.
Art. Volveos acá, hija mia Ilia, ¡oh cómo sois desamorada!
Il. Y él dalle; á esa otra puerta, que ésta no se abre; á buena fe, aunque más sepais ni más traigais la mano por el lomo, no me tomés allá hasta que sea el dia.
Art. Más sabe que una raposa, no puedo entender el fin; ello dirá, que no es cosa ésta para pasalla como gato sobre brasas, yo fio que yo sepa de qué pié coxquea la moza; pero gran dolor siento á su causa, tocado me ha en el corazon, lastimadas tengo las entrañas, en gran fuego me abraso. ¡Oh amor enojoso, que áun en mis envejecidas canas no has querido perdonar! ¿en qué te erré? ¿qué hice contra tí? ¿por qué tan mal me tratas? ¡oh cómo eres odioso á toda edad, y en todo estado de gentes procuras de inxerirte en el tiempo del mayor descuido aunque no te llamen! ¡oh cómo estoy desatinada! ¡oh cómo no es en mi mano dexar de cumplir el apetito de la voluntad desordenada! Mas ya es el dia, la luz, desechando las noturnas tinieblas, entra por la ventana. Ilia, Ilia, mira, hija, ques ya tarde, abre los ojos, que áun pienso que estás durmiendo.
Il. Aun, hija, que habrá de ser, y si lo dice de verdad; mas gentil pensamiento es el mio, habiéndola puesto quatro ó cinco veces en las espinas de Santa Lucía, pensar agora que tiene creido que me llaman Ilia; mas, pues ella hace del bobo por sacar las nueces del cántaro, ¿que me pena á mí? quien compra y miente, su bolsa lo siente; pero para que un engaño se quite con otro, y una arte con otra, quiero hacer todavía del necio sobre sello, y así verá en lo que está, y quiero levantarme sin decille nada.