Art. Amiga Ilia, no, por mi vida, n’os levanteis, que áun es gran mañana, y áun el hijo de Latona no resplandece, y Bóreas anda delicado con la sazon del hieme, y áun llegaos acá, que algo habeis estado fatigada esta noche, y contarme heis qué enfermedad es la vuestra: ¡oid estas razones! ¿veis? al juego se torna la mochacha; adoba esas barreras, que se va el toro.

Il. ¡Qué engullir tiene la vieja desto que no tiene huesos! pues dése priesa, que por mucho madrugar no amanece más ayna. Mas lo que me parece es que no se contenta con lo razonable, y tan caliente se quiere sorber el caldo que le habrá de amargar, porque acabaré yo y quedarse ha el papo al aire, cantando: dos ánades, madre, van por allí.

Art. Mucho me habeis fatigado, hermana Ilia, ¿por qué lo haceis así?

Il. No, sino muchas veces Ilia, y apretar el torno porque salga el mosto; pero con todo eso me quiero levantar, que mi partido se ha asegurado, y desde aquí digo que está en mi mano meter moros en la tierra, ó, cómo dicen, áun puedo pregonar vino y vender vinagre y salirme con todo, pues cierto es que quien el padre tiene alcalde seguro va á juicio; pero cara me cuesta la melcocha, que á muchas noches destas podria hombre quedarse como Juan Alonso, en la playa, y cantando: pésame de vos el conde.

Art. ¿Qué haréis ahora, hija Ilia, en qué quereis entender?

Il. Irme, señora, si mandas, porque allá en mi casa tendrán pena por no saber dónde estoy, y puédome volver despues, si vos, mi señora, estais en algo contenta de mi servicio.

Art. Por mis puertas, tal sea mi salud, qual vos, Ilia, me pareceis; en mí por cierto, hija, tendréis madre y más que madre, y todas vuestras necesidades se cumplirán, y bien me paresce que vais donde decis, mas luégo, así goceis, os volved. Violante, Violante, ¿estais ahí?

Viol. Aquí estoy, ¿qué mandas, señora?

Art. Que aquesta pecadora de moza le deis de almorzar, que está algo enferma, y pienso que en toda esta noche no ha pegado los ojos.

Viol. Andad acá, hermana.