Ser. ¡Mas, por tu vida!
Pin. Y áun por la de Dios.
Ser. ¿Pues á tí qué te parece?
Pin. Que nos ha Dios hecho señalada merced, si lo sabes conocer.
Ser. ¿Cómo es eso? ea, pasa adelante.
Pin. Estando la vieja desabrida es andar á caza con huron muerto, y de la negociacion no se esperaban, salvo mil desconciertos; pero pues ya yo puedo ser intercesor, y entrar y salir cada hora y cada rato, debes, señora, pues claramente amas á Evandro, de abreviar la causa, y, como dicen, lo que se habia de comer cocido hágase asado, y más se podrán hacer las cosas con la brevedad; que la dilacion en aquestas cosas, y el estar pidiendo pan de trastrigo siempre daña, miraldo todo, y tu alma en tu palma, y nadie es tan buen juez como cada uno de sí mismo. Al cabo estás; pero si mi consejo tomases, esta noche yo traeré á Evandro, y á la hora que mandases te hablaria en tu misma cámara. E pues tengo el mando y el palo, no dubdes que yo lo haré. En esotro, señora, te determina, y no tengas temor, que á los corneros quebrados y á lo otro hecho, bien me entiendes, señora, que nunca faltan rogadores.
Ser. Burlando me parece que estás, Pinardo, de los de la feria; y pues tanto quieres apurar el testigo y sacar el hijo del cuerpo, si á eso te atreves, quanto por mí no te detengas más, porque mi voluntad ya la sabes más há de tres pares de juéves, y si quieres sentir, bien sabes que amo á Evandro como el agua á la tierra, pues quien bien ama, tarde olvida, como habrás oido; porque donde el amor toca, tal llaga, tal dolor, tanta fatiga, tal congoxa dexa, que más de diez y nueve Mayos serian menester pasar para quel mal, envejecido y sin calma, en un punto afloxase su dolorido exercicio; de mi voluntad certificarás á Evandro, y á eso que dices, bien me parece, pero por imposible lo tengo, conciértalo allá, y ver y creer, como santo Tomas; pero Violante te llama, y á gran priesa, no te debes detener, ántes disimuladamente te vé, y Dios lo remedie de la manera que es menester, pero muy acompañada de mil sobresaltos me dexas.
Viol. Anda, Ilia, que Artemia te llama, que no sé qué te quiere decir ántes que te vayas.
Il. ¿Áun si quiere que le dé otra vuelta y pague el escote del almuerzo? y ¿áun habrán de ser las tetillas de la gallina los limones del ventero?
Viol. Oir quiero desde esta rexa, que está en el retraimiento, qué secretos son éstos, que no estoy bien con la venida de esta moza.