Art. ¡Oh amiga Ilia! llegaos acá, que no me he levantado á causa del gran dolor de la madre, que me ha dado despues que os levantastes, y áun, si quereis, con la mano podeis tentar de quán levantada la tengo.
Il. ¿Que eso me dices?
Art. Mirá si me ha entendido la moza, que ya está encima, como buitre encima la carne, y la verdad, no otro amor sino con mozos, que ántes teneis necesidad de tentallos de freno que despuelas.
Il. Aunque me tenga por chocarrero, pues la vieja está á sus vicios, ántes que pase el juego adelante le quiero dar un tiento.
Art. ¿Esperas alguna cosa, hija Ilia?
Il. Áun con Ilia se habrá de quedar; estó diciendo, señora, sino que no me quieres entender, que jugué mis vestidos, y por no tener qué traer ando desta manera, ¿que hay que negar la verdad?
Art. Pues, amigo mio, daos priesa, que yo lo remediaré todo, y deso no paseis congoxo.
Pin. La pulga le he echado en la oreja, ó, como dicen, el agraz en el ojo, bien está; pero dola á la muerte, que bien hace con la hierba, y sabor toma con los caracoles: acabe, que aquí veré á lo que se estienden sus pensamientos, porque el juego y el tentar al hombre en la bolsa, gran toque y muy verdadero suele ser, y áun, amigo, amigo suelen decir, pero no hableis en el dinero; y cierto esta avaricia desordenada, ya tan condida en todas partes, mucho aparta al género humano del camino de la virtud; porque procurando cada uno su propio interese, ni se acuerda de amigo ni de Dios, y muy virtuoso, muy virtuoso ha de ser el que en la mayor necesidad no pierde la vergüenza; y por esto decia Sant Gregorio que en todas las cosas del mundo se hallaba algun sí, salvo en el avaricia, pues es verdad que es de la calidad de los otros vicios; llegaos á Sant Hierónimo y diráos que todos los vicios se envejecen en los hombres, salvo el avaricia, que siempre se renueva y crece, y áun acerca deste vicio dice Salomon, que el que sigue la avaricia turba su casa, y el que ama las riquezas no habrá fruto dellas; y Pitágoras dice que así como el albarda redunda en daño del asno y en provecho del amo, así el vicio de la avaricia es dañoso al avaro y provechoso á los estraños; y á este propósito el moral Séneca decia, quel hombre debe mandar el dinero y no obedecerlo, y áun dice que de dos linajes de gentes no se puede haber bien, salvo mal, de los locos y de los escasos; y que más era de estimar el hombre sin dineros que los dineros sin hombre afirmaba Themístocles, filósofo y capitan ateniense. Así que veamos lo que hará Artemia; pero á lo que parece, bien devanó esta madexa.
Art. Hijo mio, cata aquí treinta doblas, éstas tengo al presente en esta bolsa que estaba á la cabecera; levantarme he y todas tus necesidades se proveerán, por eso pierde cuidado.
Pin. La pella tengo, bueno es el páxaro en la mano, y de esperar al buitre que va volando sazon hay, levantarme quiero, que ya rabio por estar fuera desta prision, y allende de satisfacer á Evandro encomenzaré á bullir con el dinero.