Pin. Digo que todos estamos de un color, pero tambien me maravillo de lo que has hecho.

Viol. Aquí en este estrado, que está delante mi cama, te asienta, hermana; no te maravilles de cosa que veas, que las mujeres humanas somos, y los secretos grandes á los amigos se han de decir en secreto; dotrina tenemos del Salvador, que viniendo con grandes compañas á Hierusalen, á los discípulos, sus muy amados, aparte de las otras gentes, les dixo cómo iba á padecer y que habia de rescebir muerte de cruz, y que habia de resucitar al tercero dia. Así que, Ilia, bien es tener amistad unas personas con otras, y cosa dulce es la conversacion entre los amigos y parientes.

Pin. Si las manos tuviese quedas y no me estuviese besando, bien me paresce lo que dice Violante; pero véola tan encendida, que creo que hobo envidia de lo de la vieja y quiere hacer la chaza, necedad será no cumplille lo que desea; pero quiero encomenzar á jugar, véamos en qué la hallaré.

Viol. Mirad, hermana, por la pasion de Dios, que estoy vírgen, no me toqueis con el dedo.

Pin. ¿Vírgen? y ¡qué tacha! mas ¿dedo era? ni áun por eso, como si no viese lo que es.

Viol. ¡Jesus, Jesus hijo de Dios! ¿y hombre érades, y eso habeis hecho, y así me habeis destruido, y así me habeis querido deshonrar?

Pin. ¡Qué palabras, y estálo tomando con dos manos! pero con algo han de cubrir sus vergüenzas.

Viol. ¡Oh cómo he perdido la virginidad, virtud tan resplandeciente en la hembra! ¡Oh Pinardo, y cómo hasta en la hora presente no conocí tus cautelas! por tí y otros tales se dice en la ley de gracia: guardaros heis de los que andan vestidos como ovejas, y son como lobos robadores.

Pin. Violante hermana, cada uno busca sus medios y procura lo que bien le está, cada una guárdese y abra el ojo, la estopa cabe los tizones en peligro está, ¿yo rogábate? tú me paresce que has estado la golosa por tastar la fruta nueva; pero yo no sé nada, de mis viñas vengo, lo que puedo hacer por amor de tí y por ser del linaje que eres, descargar mi conciencia, que te juro de casarme contigo, porque áun allende de lo que tengo dicho, estoy tan satisfecho de tu gran beldad y de tu demasiada gracia y fermosura sin comparacion de tal manera que ya estoy penando por tí, y me hallo falto de la libertad de que poco ántes estaba asaz adornado, de tu voluntad querria ser cierto, porque conformándome con tu intencion me gobernaré en la presente jornada.

Viol. ¿Qué quieres que diga, señor mio, sino que seguiré tu voluntad hasta la muerte, y que de mí ordenes lo que mejor te estará?