Pin. Pues el tiempo dilacion no la concede, en anocheciendo soy de vuelta, porque tengo de cumplir lo encomendado; á Dios te quedes, que peligro habrá en la demasiada tardanza.
Viol. El Espíritu Santo te acompañe.
CENA QUINTA.
EN QUE SE INTRODUCEN
PINARDO. — CRATINO. — EVANDRO. — DAVO. — POPILIA.
Pin. No me parece sino que salgo de la galera, en verdad que hago cuenta que hoy me he nacido, grandes cosas he despachado en poco tiempo, pero, de que Dios quiere con todos aires llueve; ¿quién pensára que Artemia, con toda su honestidad y con todo el autoridad del mundo, hubiera picado en el anzuelo tan de presto? pues ¿quién nunca jamas pensó que Violante, doncella hermosa y de buenos parientes, conociéndome á la clara, me otorgára, de su propia voluntad, su persona sin ser compelida ni inducida con palabras? ¡Oh amor, amor, y quán sotil y delicada es el aguja con que labras! ¡oh quán prima es la vira con que hieres! ¡oh cómo es invisible á la vista humana! ¡oh cómo tu ponzoña no se siente hasta que tiene hecha impresion en las entrañas! ¡oh cómo lo veo á la clara! ¡oh cómo no te ha bastado por esperiencia, haberme instruido en haberme enseñado la caida de Artemia y la desenfrenada voluntad de Violante, sino que al presente, por vista de ojos, para que no culpe á nadie, me quieres contar en el número de tus cuentos y prisioneros! pero ¿qué haré? porque, como dicen, guardeos Dios de, hecho es; quiero encubrir mi dolor lo mejor que podré y entrarme en casa, que éste es el mejor remedio: ¡oh quán fuera de seso veo ir corriendo á Cratino! pienso que va á pedir las albricias, á buen almendro seco se llega, mejor viene quien trae en la bolsa la paga, y por esto podria decir quien lo supiese: sobre cuernos siete sueldos, y sobre cornudo apaleado.
Crat. Esfuerza, esfuerza, señor, y torna en tí; cata que viene Pinardo, tu solícito intercesor, y áun á buen seguro que ha recaudado bien, que el alma me lo da.
Evand. ¿Qué, viene Pinardo? ¡oh cómo no lo puedo creer, y por tan imposible lo tengo como querer tocar con el puño en el cielo! mil sospechas se me engendran de su tardanza, temor tengo de algun infortunio ó desastrado acaescimiento, porque ir de la manera que iba es como el que va entre la cruz y el lecho, y en verdad ninguna buena esperanza tengo de su tardanza.
Crat. ¿Que no, señor? pues cátalo ahí tan sano como una manzana, y tan fresco como una rosa, y áun podrian jugar con él á, vivo te lo doy, y áun quedalle el brazo sano.