Esc. ¡Oh pesar de las que en la cara tengo y tal decis! pues ¿era yo por ventura algun niño, que una no nada que me mandábades, no habia de cumplir? Sabed que supe quién eran sus padres y cómo la doncella se llama, y antejuro por la fantasma de la reorpada de una su familiar, que no poco obligada á mi servicio queda.

Fler. Dime ya ¡oh! por tu fe, mi buen amigo Escalion, lo que tanto deseo, en dos palabras; no uses de tantas circunferencias con quien la soga en la garganta la nueva está esperando.

Esc. Pues así lo quieres, así sea: sabrás que como de tí me aparté, yo me lancé en su posada de un vuelo, y sin haber quien cuenta me pidiese, yo me voy en la cocina, donde aguardando tiempo, detras de una artesa un rato estuve escondido.

Risd. ¡Oh, cómo miente el panfarronazo; y aquí el quarto viene todo tiznado, y dice que estuvo tras una artesa!

Esc. Landrezuela, ¿áun no querés callar? ¿qué estais murmurando entre dientes?

Fler. Déxale, hermano: prosigue en tu plática.

Esc. Pues sabréis, señor, que no mucho despues que allí entré, vino á la cocina una dueña honrada, con quien yo otro tiempo tuve conocimiento, que, como yo la vi, salgo á raso, donde despues de muchas pláticas la pregunto quién allí vivie, y quién era una hermosa doncella que á la fenestra que salie á la plazuela habrie una hora estaba en ella puesta; entónces con muy buena voluntad me respondió que la casa era de Polibio.

Selv. Ya, ya, ya, no más, por vida de todo el mundo, señor Flerinardo, que sois enamorado de Isabela, hija del mismo Polibio, que mi hermana Rosiana muchas veces me ha dicho que es la más gentil dama de este pueblo, con quien ella tiene mucha conversacion y amistad.

Esc. Voto á rus, bien se ha ordenado, que juro á mi vida sólo pude saber que vive allí Polibio, y lo demas era compuesto.

Fler. ¿Qué es lo que estás diciendo contigo, Escalion?