Velm. No me medre Dios si éste no es un gran panfarron cobarde, que porque no le asienten el guante, si tiene algun enemigo, pone tantas escusas.

Esc. ¿Qué dices, Velmonte, que no te entiendo?

Velm. Digo que sea como te parece.

Esc. Alto, pues, vamos luégo.

Velm. Pues toma tu espada, y mira si quieres una rodela, que allí están dos.

Esc. No quiero sino el espada, que ella y la capa harán lo que convenga.

Velm. Alto, pues, sin detenernos vamos fuera.

Esc. Con pié derecho, que el corazon me da que tengo de rebanar alguno ántes que á la posada vuelva.

Velm. Por aquí, por San Cristóbal, echemos, que es el mejor camino.

Esc. Sea por do quisiéredes; mas, decid, ¿quién son los que están á la puerta?