Risd. ¿Cómo, Carduel? ¿eres por ventura enamorado?
Card. Sí, por cierto, que no lo negaré, y áun en cabo que me siento por muy dichoso.
Risd. Ya, triste de vos, padre, ¿no considerais el caso? á quien no pusimos vida va con chapines á misa. Pues dime, ¿qué ves en el mundo, que te cuentas por enamorado?
Card. ¿Qué tengo de ver? ¿Soy algun enano como vos para no sello?
Risd. Ya duelos le dé Dios al camaron de alberca; decí, ¿no os parece que cual soy tengo mejor disposicion para serlo que vos, que áun no sois, como dicen, fuera del cascaron?
Card. Si por cierto, y áun para chirriar de una jaula como tordo.
Risd. ¿Pasais por esto? ¿No veis qué dice? al fin fin que tantas á Pedro como á tu amo, cada ruin zapato há lazo; pues no medre yo si á mi señor no lo dixere cómo ya andais emputecidillo.
Card. Señor Escalion, ruégale por tu salud que no se lo diga, que dirá al mayordomo que me azote.
Esc. Señor Risdeño, por mi vida, que no lo has de decir.
Risd. No me lo ruegues, señor, que aquel rapacillo no se ha de igualar con un hombre barbado como yo.