Cec. Así será, madre, como dices. ¿No habeis visto la dueña honrada cómo me quiere coger de las piguelas? Pensábase, por su vida, que sus tres treinta años habian de bastar á burlarse de mis quince, pues yo le juro que ha menester más letras de las que tiene para comigo, que aunque no me he visto en estudio, sé bien quántas son cinco y no he miedo que alguno me eche dado falso. Válala el diablo, la consuegra de Barrabas, qué estruendo trae allá arriba; por mi vida, que me tengo de salir á la puerta, que no soy bastante de oillo sabiendo que lo causa gente de garabato. En buena hora yo lo dixe, que si bien veo, mi Carduel es el que viene por allí; bien será este buen rato que se me apareja echalle en mi casa, pues el lugar y el tiempo lo consienten. ¡Oh mi señor Carduel, con eso hace tal dia! ¿Cómo es posible que gozo de vuestra agradable vista? Sin duda que este dia puedo llamar bienaventurado, pues en él tanto gozo me ha venido sin yo dél ser merecedora.

Card. No con ménos turbacion mi verdadera señora, está ocupado mi sentido con la gloria tan inmensa que goza, que de dubda mi juicio está lleno pensando si la bienaventuranza que posee es sueño ó ficcion; no sé qué en ello piense, porque verdaderamente la figura que me captivó y de contino trae muerto es la que estoy contemplando; mas si considero quán contraria la fortuna siempre se me ha mostrado, no me hallo digno de tanto bien como al presente poseo. ¡Ay mi señora! por amor de Dios que me desengañes del engaño (que sin engañar siempre me engaña) en que al presente estoy puesto, declarándome si sois vos aquella que tantas cuitas y mortales deseos me hace padecer, trayendo mi sentido sin que sienta, y sintiendo no tenga de sí parte.

Cec. Señor mio, sabed que yo soy aquella que no ménos de obra por vos padece que de palabras vos por mí habés mostrado, y la que miéntras Febo, con su agradable rostro dando la vuelta en nuestro hemisferio, con la Europa su claridad participa, el pensamiento de vos no aparta, por causa que el otro restante de tiempo, el tal, junto con el ánima, en vos tiene trasformado, reservando para sí solo aquello de que, por no poder consigo más, en mí sin mí tiene su aposento; y pues quedais en vuestra pregunta satisfecho, de la mesma manera á la de mi parte ofrecida os pido que con la respuesta satisfagais; esto es, que por vos me será declarado cómo os habeis sentido despues que de mi presencia corporal habeis sido apartado.

Card. Ya podeis ver, mi señora, qué tal se podia sentir el cuerpo siendo ausente de su ánima, que por tal á vos os confiesa y siempre ha tenido; por tanto con más razon debo yo á vos preguntar lo que de mí habeis querido saber, pues no en mí, sino en vos, vivo, y mi vida en vos tiene su asiento y morada cierta; por lo qual, si ver quereis cómo estoy, en vos mesma lo podés ver y muy fácil conjeturar; mas decidme, mi señora, ¿qué buena ventura para mí ha sido aquesta que de vuestra soberana vista, en tan no pensado lugar, al presente se me haya concedido que goce, que de cierto bien descuidado estaba yo que tanto descanso en esta jornada se me habia de seguir?

Cec. Señor, he venido con cierto recaudo de mi señora Isabela á una su ama que aquí vive; mas decidme adónde vos guiais vuestro camino, que, segun me parece, no es de mucho espacio.

Card. Así es, señora, que vengo de la posada de Flerinardo á saber si quiere esta tarde ruar, y paréceme que se ha sentido mal dispuesto, y con esto vuelvo á mi señor, que me está esperando.

Cec. Pues si ansí es, no cese vuestro viaje; sólo quiero de vos saber si os dió no sé qué de mi parte Risdeño.

Card. Señora, sí, y por ello vuestras fermosas manos beso, que me parece que lo tal no es otra cosa para mí sino poner cadenas fuertes al que con grillos en vuestra prision teneis captivo.

Cec. Más que no eso merece vuestra persona, señor Carduel; mas agora el Ángel de la Guarda os acompañe, que entro en esta casa.

Card. El mesmo y la Magdalena quede en vuestra compañía, mi señora.