Cec. Por mi vida, á buen tiempo hablaste, que vesle, allí viene.

Isab. ¿Qué me dices?

Cec. Lo que oyes, y sino, asómate y verle has.

Isab. Razon tienes. ¡Oh Cupido, dios de los enamorados! yo, tu sierva, humilmente te pido que en esta hora muestres tus maravillas; que, pues mi libertad en la deste caballero pusiste, no consientas que tan libre triunfando tus soberanas leyes profane, haciendo mi vida con tantas cuitas y mortales deseos con deseos deseosa deshacerse.

Selv. ¡Oh soberana deidad, debaxo cuyo poder y mando el universal orbe se rige y gobierna! ¿Y qué será esto que mis ojos agora consideran y con tanta veneracion adoran? ¿Por ventura es alguna vision angélica que de las celestiales moradas en las tierras es venida? que cierto no es de creer en humano cuerpo tan suprema beldad y hermosura ser junta, donde las ebúrneas aljofaradas de su divino rostro demuestran los vivos esmaltes del celeste rosicler sobrepujando á los diáfanos rayos de la lúcida Proserpina en claridad soberana; pues si esto es así, no será sino que la humildosa salutacion que á su divinal espectáculo conviene, por mí al presente le sea ofrecida en esta manera con gran turbacion comenzada. ¡Oh imágen de aquella cuyo natural retrato en lo íntimo de mi alma al presente se ha esculpido, no con livianos y perecederos matices, mas con nativos y premanecientes colores maravillosamente debuxada; causando con la nueva causa de acaescimientos nuevos y no pensados efectos de desventuras, entretexidos en el precipitadero donde aposento han tomado! ¡Oh ubérrima y abundosa fuente de toda fermosura, de donde con estraño y sotil artificio sus muy provechosos liquores maravillosamente hasta lo íntimo de mi corazon han manado, causando en él un metamorfoseos ó conversion nunca semejante vista, por causa que en lugar de ser con ellos recreado, en furibundos y espantables fuegos le han encendido, causando que su principal sér de que se crió, en pura y delicada agua se convierta, demostrándose por los vidriosos ojos en gran abundancia al nuevo mundo, donde del todo han de ser niquiladas y consumidas! ¡Oh más que seráfica y esclarecida vision, nobilísimo y excelente espectáculo, donde mis ansiosas querellas de hoy más han de ir á juicio, por causa de haber sido citadas por el portero de tus no perdonadores ojos, en donde, no por temer su buena justicia, mas por la rigurosidad del juez, rigurosamente á muerte y tenebrosas tinieblas serán juzgadas, padeciendo, no la pena que cometieron, pues fué ninguna, mas el deseo que de servir á tí, mi real princesa, han tenido! ¡Oh pues preclara y divina dea! pido humilmente á tu grande potestad, no por los servicios que de mí has recebido, que son ningunos, mas por el deseo que de servirte, despues que mis ojos tu divina figura contemplaron, he tenido, que con benevolencia de tu piadosa majestad salida, hablando metafóricamente, los sacrificios que dentro de mi atribulado corazon á tu persona se ofrecen, demostrándose el humo que del tal sacrificio es causado, por los incensarios de los lacrimosos ojos, de tí sean recibidos, y al presbítero de los tales, instituidor del nombre de ser tuyo, le sea dado que goce, porque de otra manera, siendo por tí vencido y con crueldad tratado, no solamente por tu causa sentirá una rabiosa muerte, mas áun, como fénix, con espontánea voluntad por él mesmo será causada. De donde, no sólo tu real persona será maculada con nombre de desagradecida, mas tu ínclita fama, con mancilla á su sér no conveniente, alcanzará renombre de cruel, homicida y violenta matadora.

Cec. Señora, señora, señora Isabela.

Isab. ¿Qué dices, Cecilia, que así me quieres apartar de mi deseada gloria?

Cec. Tu madre Senesta viene por el corredor hácia tu aposento.

Isab. ¡Oh desventurada yo, que así mi descanso se me acaba! Contornea esa fenestra, porque del todo mi descanso quede en tinieblas.

Cec. Señora, ya es hecho.