Lel. Así es, hermana Claudia, el vulgo inconstante, que lo bueno en malo y lo malo en bueno suele mudar, dando á unos fama de santos y graves varones, y no siendo vero lo que dice el pandero, tienen en su pecho una hedionda piscina encubierta; y por el contrario, otros, por hipócritas y malos tenidos, tienen su tribunal y asientos por electos en la eterna beatitud.
Claud. Clara y manifiesta verdad es ésa; mas calla un poco, verémos en qué paran los trajes, qué responde Escalion á lo dicho.
Esc. ¡Oh pesar del horrendo dragon domado por el fuerte Belorofonte! ¿y cómo ía de ser verdad que con tus cruezas y desvíos has de dar la muerte al más temido varon de toda Europa? no será, sino que yo llame á la madre, que me dexe salir á tomar venganza de quantos delante se me pusieren, pues de quien me causó el enojo no conviene.
Lib. Ce, señor, por tu fe, no hagas tal cosa, sino llégate acá, dime si há mucho que me conoces.
Esc. ¡Oh, Dios sea loado, que me dices que á tí me llegue!
Lib. Por mi vida, que ya dello me pesa. Ce, señor, por vuestra vida, que os tengais en vos, que no soy de las que pensais.
Esc. ¡Oh qué blanco pecho que tienes, señora Libina! Juro por las que en la cara tengo, que mejor no le vi en toda mi vida, aunque por mis pecados he visto muchos; pues la delicadez dél es de olvidar, sino que me parece tomar en las manos mantequillas de Guadalajara.
Lib. De verdad que con razon dice el proverbio, mete el gallo en el muladar y saldrá heredero, ó lo que más le conviene, al judío, dalde un palmo y toma cuatro. ¿Cómo, y tal ha de pasar, gentil hombre? teneos allá, que por los huesos de mi madre (que pudren) he de dar voces como una loca.
Esc. Señora mia, pídote de gracia que me digas, si fueres servida, cómo de tu gentileza podré gozar, y toma de mí quanto quisieres, que de verdad te digo que me tienen tus amores muerto.
Lib. Ya no os moristes vos, marido, por falta de caperuzas, que siete teníades en vuestra arca.