Esc. Señora Libina, ves aquí cuatro reales para en señal, y yo te prometo, á fe de quien soy, de te los enviar mañana.
Lib. No querria que me burlases.
Esc. Bien parece que no me has contratado mucho, pues dubdas en mi palabra.
Lib. Agora, señor, muestra, que yo te fio; mas, por mi vida, que te sosiegues un poco, que la noche es larga.
Esc. Así es menester, señora, para quien ha de caminar largo y dormir en ella.
Claud. ¿No ves, Lelia, lo que pasa, y cómo ha sabido Libina traer el agua á su molino haciéndole creer del cielo cebolla y que era una religiosa?
Lel. Cierto es entendida, y ya se tiene cuatro reales para el pico de la cañada.
Claud. Ansí me parece; mas si tuvieres por bien entrémonos en nuestro albergue, que ya tienen sus mercedes pausa, y lo de aquí adelante es más para gustallo de presencia que para oirlo de léjos.
Lel. Es bien acordado, sea luégo.