CENA PRIMERA DEL TERCERO ACTO.
En que estando Selvago en su aposento entendiendo con la música, viene Escalion con la vieja á le hablar, á quien habiendo su mal declarado, y siendo por ella buen fin prometido, en señal de cumplida paga Selvago le da cincuenta doblas con que á su casa á lo poner por obra vuelva. Introdúcense:
SELVAGO. — RISDEÑO. — ESCALION. — DOLOSINA.
Selv. ¡Válame el poderoso Dios! ¿qué será esto? ¿por ventura no estaba yo agora en el reino de mi señora, lleno de su gracia y gozando de su soberana gloria? ¿pues, cómo me hallo en mi lecho? sin duda que con algun fingido ensueño he sido engañado; bien será me certifique de segunda persona. ¡Mozos, mozos!
Risd. ¿Qué mandas, señor?
Selv. Dime, Risdeño, por tu fe, ¿dónde he yo estado esta noche?
Risd. El cuerpo, señor, á do se halla al presente, mas del alma no sé cosa.
Selv. Pues dime, necio, viviendo yo, ¿pueden hacer divorcio entre sí?
Risd. No sé, pregúntaselo á Sant Agustin, que dice que el amador tiene su ánima en donde ama.
Selv. Agora verdaderamente creo que de cierto yo no soy Selvago, que en Isabela está convertido y en ella vive; mas yo soy su efigies y cuerpo, y así no fué vano lo que poco há entre sueños imaginaba; mas dime, ¿qué hora piensas que sea?