[29] Síguese de esto, que la hermosura de estas cosas sensibles es una apariencia, que solo puede arrastrar á los hombres que dexan llevarse de las exterioridades que se ofrecen á los sentidos sin exercitar la razon. El ver, pues, cómo inconsideradamente buscan muchos estas apariencias, y van con inquietudes continuas ácia estos vanísimos atractivos de los sentidos, hace ver el poco uso que hacen los hombres de la razon, y lo poco que reflectan para distinguir lo aparente de lo verdadero. La verdad tiene una hermosura, que puede satisfacer al entendimiento; la bondad lleva consigo una belleza capaz de atraer á la voluntad. Si yo dixera, que el entendimiento recibe un gran contento quando descubre la verdad[a], y que la voluntad le recibe tambien quando ama lo bueno, diría una cosa certísima, y digna de que la escuchasen y meditasen seriamente todos los hombres; pero son tan sensibles por lo comun, que les parecerá esto digno solo de contarlo á los habitadores de los espacios imaginarios.
[Nota a: Indagatio ipsa rerum tum maximarum, tum etiam occultissimarum habet oblectationem. Si verò aliquid occurret, quod verisimile videatur, humanissima completur animus voluptate. Cicer. Quaest. Acad. l. 2. c. 118.]
[30] Los hombres, que solo hacen uso de sus sentidos, miran este orden de la hermosura, y siguen los desordenados afectos que ocasiona. ¡Qué voz tiene Lucinda tan suave! ¡qué ayre tan magestuoso! ¡Es una maravilla como canta, como anda, como habla! Todo es un encanto. Y es verdad que es un encanto para los que se paran solamente en las apariencias sensibles. Ni hay que dudar, que el tono de la voz, el ayre del semblante, la risa natural, el trato amable, y á veces las lagrimillas de las mugeres, son un dulce veneno que ocasiona mil estragos en los poco advertidos, que no conocen que aquellas cosas en sí mismas son de muy poco valor, y solo son estimables quando van acompañadas de la virtud y de la razon. Para conocer mejor la vanidad de estas apariencias, se puede considerar la hermosura, y belleza de las cosas como un orden físico, ó como orden moral. En el primer modo admira la hermosura á los sabios, porque consideran en ella un orden de partes maravillosamente fabricado por el Criador, y porque se descubre aquel número, peso, y medida con que ha hecho todas las cosas materiales y sensibles. La consideracion de lo hermoso, y de lo bello en este sentido es inocente, y tal vez loable, porque excita el conocimiento de la divina Omnipotencia. Con orden moral se consideran estas cosas como pertenecientes á las costumbres, ó como objetos de las acciones morales de los hombres. En este modo no puede el hombre, ni debe amar, ni abrazar semejantes objetos, sino conformándose con la Ley divina, y con sus sacrosantos Mandamientos y preceptos; y esto es lo que dicta la razon, porque con ella alcanzamos, que de todas las cosas sensibles no podemos debidamente hacer otro uso, que atendiendo al fin que el Criador se ha propuesto, y con respecto ácia la eterna felicidad de los hombres.
[31] En el amor á lo bello sensible erramos tambien de otra manera. Quando se nos presenta un objeto hermoso á la vista, no solo tenemos la percepcion que viene de los sentidos, sino que juntamos á esta percepcion la nocion del bien, y la voluntad es llevada á amarle. Pero, como ya hemos dicho, todas las apariencias, y objetos de los sentidos no ofrecen sino falsos bienes, ó aparentes, y ácia ellos nos arrastran la concupiscencia, y el desorden de los apetitos. El hombre que usa de la razon no hace caso de estos aparentes bienes, y dexa de juntar la nocion del bien con semejantes objetos; antes algunas veces junta la nocion del mal, la de lo aparente, la de lo engañoso, la de lo falso, y de este modo aparta de la voluntad el amor desordenado de las cosas bellas sensibles.
[32] Esta facilidad de detenerse los hombres en las cosas sensibles nace, como ya hemos dicho, de que estas dexan en el cuerpo impresiones que duran mucho, y con dificultad se borran; y como el alma corresponde con ciertas representaciones, de ahí procede que le hagan mayor fuerza las cosas que entran por los sentidos, que las que por sí misma alcanza. Este es el motivo de muchísimos errores, y en especial de que hacemos mucho caso de lo que tenemos presente, y despreciamos lo venidero. Todos los Christianos, y todo hombre que hace uso de la razon conoce la eternidad, y sabe que no somos criados para este mundo, sino para el Cielo; no obstante estamos tan atados con aquel, que muy pocas veces pensamos en este, y es porque el mundo le tenemos presente, y obra continuamente sobre nuestros sentidos, y la eternidad la miramos de lejos; ó, lo que es lo mismo, conocemos este mundo por los sentidos, y al Cielo con la razon.
[33] Todas estas consideraciones tiran á fortalecer la razon contra las apariencias de los sentidos, y á avisar á los hombres, que sus sentidos son tal vez su mayor enemigo, que no deben facilmente dexarse llevar de sus representaciones, y que no juzguen precipitadamente por solo su informe sin consultar la razon. Hanse de mirar como instrumentos dados por el Criador para la conservacion del cuerpo humano; y se ha de advertir, que siendo los únicos medios por donde el alma empieza á alcanzar las cosas, son tambien el principal origen de sus errores, y de sus males. Si pudiéramos lograr que los Materialistas, y Deistas de estos tiempos se parasen á contemplar estas verdades, que son muy ciertas y muy claras, acaso volverían en sí, y dexarían su torpe halucinacion, pues no conocen que toda su vida son como los niños, que nunca piensan mas que en lo que tienen presente, porque son solo sensibles, y no exercitan la razon, ni son capaces de la buena Lógica.
CAPITULO III.
De los errores que ocasiona la imaginacion.
[34] No es posible comprehender en corto volumen los errores que ocasiona la imaginacion; pero propondré los mas notables, y facilmente podrá el que fuese atento conocer de quántas maneras nos engañamos por las representaciones de esta potencia. Hase de tener presente lo que ya hemos mostrado que nosotros formamos imágenes de todas las cosas que percibimos, no solo de las sensibles, sino tambien de las espirituales; y si las considerásemos atentamente, hallaríamos dentro de nosotros un mundo espiritual mucho mayor que este que habitamos, y reducido á cortísimo espacio: es decir, hallaríamos en nosotros mismos las imágenes que corresponden á los objetos que componen este mundo visible, y á los espirituales, é incorporeos que no son de su esfera, y lo que es mas todas reducidas á cortísimos límites. Considerémos quantos objetos se presentan á nuestros sentidos en el discurso de una larga vida, y hallarémos que las imágenes de todos se hallan en la mente. Considerémos tambien de quántas maneras combinamos, ó separamos tantos objetos, y las imágenes que tenemos de estas combinaciones. Pensemos despues quántas veces percibimos las cosas espirituales, de quántas maneras abstrahemos la naturaleza de las cosas, y en fin la muchedumbre copiosa de intelecciones que hacemos en el uso de las ciencias abstractas, y hallarémos que todas las contiene el alma, y de todas quedan vestigios, que con la memoria se renuevan. Si meditamos un poco sobre esto, podrémos decir, que este es un Reyno, ó mundo interior reducido á pequeño espacio, pero capaz de contener mayor número de cosas que el mundo material que habitamos; y si levantamos debidamente la consideracion, habrémos de reconocer la infinita sabiduría que ha fabricado tan maravillosa obra, y confesar que no puede un mundo material tan extendido contenerse en la materia reducida á un espacio infinitamente pequeño, como es el que encierra tantas nociones; por donde es preciso reconocer un Ser espiritual, cuya esfera es por su indivisibilidad único receptáculo de tantos conocimientos. Esto con alguna mas extension lo he manifestado contra los Materialistas en mi Discurso sobre el Mechânismo.
[35] La impresion de los objetos sensibles hace variar las imaginaciones. Si la fantasía es capaz de recibir muchas imágenes, hace una imaginacion fecunda; si recibe las imágenes, y se hacen permanentes, será la imaginacion fuerte; si con facilidad recibe las representaciones, es la imaginacion blanda; si una vez recibidas con tenacidad las retiene, es vehemente; si facilmente las recibe, y con la misma facilidad se borran, es torpe; si con dificultad se imprimen, y tenazmente se retienen, es violenta; y á este modo pueden ser infinitas las combinaciones que nacen de la diversidad de pintarse las imágenes en la fantasía. Lo que principalmente se ha de notar es, que toda suerte de imaginacion nos puede ocasionar el error, porque puede engañar al juicio; de modo, que si bien lo consideramos, no hay error en la imaginacion, sino en el juicio, á la manera que sucede con las percepciones de los sentidos. Débese, pues, poner el cuidado posible en gobernar bien el juicio, y en no dexarse llevar de las apariencias de la imaginacion. Aprovechará mucho para conseguir esto el conocimiento de que las pasiones casi siempre acompañan á la imaginacion, como ya hemos explicado antes.