Continúase la explicacion de los errores que la imaginacion ocasiona.
[51] Hemos propuesto en el capítulo antecedente algunos errores que ocasiona la imaginacion en asuntos de Religion y de piedad; en este manifestarémos los que principalmente ocasiona en el trato civil, y en el exercicio de las Artes y Ciencias, y para hacerlos mas comprehensibles, los dividirémos en varias clases, segun las varias influencias que suele tener en ellos la fantasía.
[52] En primer lugar suelen ocasionar el error las imaginaciones pequeñas: entiendo por pequeñas imaginaciones las que se llenan y satisfacen de cosas de ningun momento, y suelen hacer que el juicio las tenga por grandes, y se ocupe en ellas. Esto suele observarse en los niños y mugeres, y por eso las vemos casi siempre ocupadas en cosas pequeñísimas, mirándolas como grandes, y dignas de su aplicacion. La moda, la cortesía, el adorno, y la conversacion de estas mismas cosas es el atractivo de su juicio, como en los niños los juegos, las bagatelas, y las diversiones. De ordinario las imaginaciones pequeñas son blandas, esto es, son dispuestas á recibir facilmente las representaciones: son asimismo acompañadas de afectos de dulzura y de gusto; y siendo poco, ó nada instruido el juicio de los niños y de las mugeres, se ocupa todo de los objetos de la fantasía. En vista de esto se ha de procurar, ya con la enseñanza, ya con el exemplo, el instruir temprano la juventud en máxîmas fundamentales de la razon, formando su juicio segun permite su capacidad. De este modo se ha visto un niño que á la edad de siete años ha defendido públicamente las principales Ciencias con acierto[a], y mugeres que han excedido á los hombres en el juicio. Muchos exemplos pueden verse de uno, y otro en los Autores, en especial en Plutarco, y entre los modernos en Mr. Baillet[c].
[Nota a: Murator. Filosof. Moral. capit. 10.]
[Nota b: Plutarc. de Clar. Mulier.]
[Nota c: Baillet. Jugemens de Savans, t. 5.]
[53] No faltan hombres afeminados de imaginacion bien pequeña. Algunos usan mas adornos que las mugeres, otros continuamente exâltan cosas de poco momento: unos exâgeran las cosas de ninguna importancia; otros se hacen entremetidos, dando á entender que son grandes hombres, y solo lo son en frioleras. Cleóbulo se altera de lo que no debe, se admira de bagatelas, y no sabe hablar de otra cosa que de su dolor de cabeza, de lo que ha trabajado, de lo cansado que se halla, y en esto emplea toda una tarde, y tal vez todo el dia. Evaristo se halla en una conversacion, y no hace otra cosa que ponderar la desigualdad del tiempo, las niñerías de sus hijos y sus gracias: y despues, por hacer demostracion de su saber, se pone á hablar de los vestidos de los Macedonios, del orden de batalla de las Amazonas; y si se le ocurre, no omite tal qual lugar de Quinto Curcio. Este vicio es el que llaman los Modernos pedantería, que consiste en entretenerse solo el entendimiento en cosas de ninguna substancia, mas propias de niños que de adultos, proporcionadas á la pequeñez de su fantasía, y objetos dignos de su corto juicio. Estos tales no suelen hacer otro daño con estos errores, que causar enfado á todo el mundo, y en especial á los hombres que hacen uso de la razon.
[54] Si la pedantería quedase solo en las conversaciones, fuera tolerable; el caso es que se halla en infinitos libros de todas facultades, y sus Autores nos hacen perder el tiempo y el dinero en inútiles niñerías. MENKENIO desprecia con donayre algunos Gramáticos que disputaron mucho tiempo sobre sola una voz[a], y cerca de nuestros tiempos hemos visto empeñados dos hombres famosos en averiguar si ha de escribirse Virgilio, ó Vergilio. ¿Y qué cosa mas comun y mas inútil, que exâminar aquello que despues de averiguado para nada aprovecha? Todo el año emplea ARISTON en averiguar si Ciceron estudiaba sentado, ó paseando, si los vestidos que usaba eran varios, ó uniformes. CLEÓBULO, está afanado para saber qué figura tenian las hebillas de los Romanos, y hace un tomo entero para probar que no usaban espuelas, y trata con mucha extension de los anillos, de los juegos, y otros divertimientos de aquellos tiempos, con tanta satisfaccion, que tiene por ignorantes, é irracionales á los que no emplean, como él, todo el tiempo en inútiles averiguaciones. PEDRO BURMANO, BENTLEIO, y otros semejantes son dignos de estimacion por el trabajo con que nos dan buenas ediciones de Autores Latinos, y por el zelo con que promueven las letras humanas; pero no son de alabar los cuidados que en sus notas ponen, deteniéndose lo mas del tiempo en corregir la palabra del Autor original, gobernados por sus propias reglas, y en impugnar á otros, porque no lo han hecho, sin cuidar de las sentencias, que es el punto principal en que se debieran detener. Han llegado á tal punto estos Correctores (dice MENKENIO), que con verdad se puede decir ahora lo que en otro tiempo se dixo de los exemplares, de Homero; es á saber, que se han de tener por mejores y mas correctos los Autores que no se han corregido..
[Nota a: Menken. Charlat. Eruditor. pag. 155.]
[Nota b: Cbarlataner, pag. 164.]