[127] Para observar debidamente la brevedad, es necesario que se omitan las cosas que no conducen, y que separadas del asunto no harian falta. Por eso son intolerables en las conversaciones aquellos, que para referir un acontecimiento cuentan mil cosas que no conducen á descubrirlo, y quitadas de la narrativa, nadie dexaria de entenderlo. En los libros se usa mucho esto, y cada dia vemos Autores que para referir una opinion suya, ó agena hacen mil preámbulos, y razonamientos que nada conducen. Los períodos muy largos, y los dichos sentenciosos son contra el buen método, porque los primeros distraen, los segundos confunden al entendimiento. Los paréntesis freqüentes son contra la brevedad que corresponde al buen método, y mucho mas las digresiones[a], porque con todas estas cosas el entendimiento se distrae del asunto, ocupándose en cosas que no son especiales de él; y no hallando conexîon entre las cosas que superfluamente se proponen, y las que se intentan probar, no queda persuadido. Fuera de esto con noticias impertinentes y fuera del caso se carga la memoria, y oprimida de la muchedumbre de cosas inútiles, no tiene presente las nociones principales. Este defecto es muy ordinario en los que emprenden obras muy largas. GALENO no supo evitarlo, y estoy cierto que en algunos capítulos y tratados pudieran quitarse muchas cosas sin hacer falta. En FORESTO, y ETMULLERO es comunísimo este vicio; y aun en HOFFMAN se hallan razonamientos muy inútiles y prefaciones molestas, que conducen muy poco, ó nada al principal asunto. Entre los Filósofos de las Escuelas es comunísimo este defecto, como en los Letrados, y Comentadores, porque comunmente emplean razonamientos inútiles, y nada conducentes al descubrimiento de lo que intentan manifestar. Los que usan de vanos adornos en los escritos, de lugares comunes, y sentencias vulgares, incurren en este defecto, porque dicen cosas que nadie ignora, y quitadas no harian falta. Así es suma necedad empezar un discurso diciendo: El tiempo es precioso, como dice Séneca; ó de este modo: La verdad es buena, como dice S. Agustin, porque estas sentencias son tan comunes, que todos las saben. Si uno para probar la mortalidad humana dixera lo de HORACIO: Pallida mors, &c. y para mostrar la poca constancia que los hombres tienen en las amistades, dixera lo que se atribuye á CATON: Donec eris felix, &c fuera cosa ridícula, porque estos son lugares comunes, ó como suelen decir de N, que se pueden acomodar á todos los asuntos, y en ninguno hacen falta; y ordinariamente se descubre este vicio en los que afectan la erudicion, y aunque sea vulgar la proponen en todos los casos que se les ofrecen.
[Nota a: Etiam interjectione, qua & Oratores, & Historici frequenter utuntur, ut medio sermone aliquem inserant sensum, impediri solet intellectus, nisi quod interponitur breve est. Quintil. lib. 8. Instit. Orat. cap. 2.]
[Nota b: Fit ut cum incidentes quaestiones, aliae quaestiones, & aliae rursus incidentibus incidentes pertractantur, atque solvuntur, in eam longitudinem ratiocinationis extendatur intentio, ut nisi memoria plurimum valeat, atque vigeat, ad caput unde agebatur, disputator redire nan possit. S. August. de Doctr. Chr. lib. 4. cap. 20.]
[128] El otro vicio que se comete en la brevedad consiste en omitir lo preciso: Brevis esse laboro, obscurus fio, dice HORACIO[a]. El principal designio del que ha de manifestar una cosa, debe ser executarlo con claridad, para que pueda ser entendido. La claridad pide, que nada se omita de lo que pueda conducir á penetrar los asuntos, porque á veces la omision de una pequeña circunstancia estorba averiguar una verdad importante. De suerte, que para que la brevedad sea bien ordenada se han de evitar dos excesos, es á saber, la superfluidad, y la concision. Los Autores que escriben Compendios, muy pocas veces evitan la obscuridad, porque queriendo ser muy breves, son confusos. Pretender enseñar las Artes y Ciencias con compendios es querer que se sepan sin los debidos fundamentos. Lo que QUINTILIANO notó acerca de la brevedad de los estilos, y lo que reprehende en algunos antiguos es muy adaptable á muchos Escritores de compendios.
[Nota a: Art. Poet. vers. 25.]
[Nota b: Profectò quidam brevitatis aemuli necessaria quoque orationi subtrahunt verba, & velut satis sit scire ipsos quae dicere velint, quantum ad alios pertineat, nihil putant; quinimo persuasit quidem jam multos ista persuasio, ut id jam demum eleganter, atque exquisitè dictum putent, quod interpretandum, &c. Q. l. 4. Ins. Or. c. 2.]
[129] Para que el método sea seguro, es necesario que en el descubrimiento de la verdad se proceda con orden, empezando por las verdades claras, y succesivamente procediendo como por grados hasta encontrar la que se busca. Este orden pide que no pase el entendimiento de una proposicion á otra, sin haber probado bastantemente la primera, de suerte, que esta ya bien establecida, sirva de basa y fundamento á la otra, y así ha de procederse ordenadamente hasta la postrera. La razon de esto es porque el entendimiento llega á descubrir las verdades ocultas, si empieza á encontrar alguna conexîon de lo que busca é ignora, con lo que ya sabe, y tiene establecido. Y notó muy bien CICERON, que entre todas las cosas hay cierto orden y enlace, de modo, que del conocimiento de unas se llega al de otras[a]. Por esto en los escritos jamas se ha de probar una cosa por otra que se ha de decir en adelante, porque hasta que llegue el lector á esta no podrá quedar convencido de la verdad de aquella; exceptuando solo algun caso particular, en que puede ser preciso notar de paso lo que con mayor extension se ha de explicar despues. Esta máxîma se funda en la naturaleza universal, pues observamos que en las producciones, generaciones, y otras acciones semejantes, procede con orden desde lo mas simple y mas facil hasta lo mas compuesto y embarazado. Y tenemos tambien de esto claros exemplos en el modo que usamos para aprender algunas Ciencias. Si uno quisiera saber lo mas sublime de la Aritmética, sin entender primero las reglas mas fáciles y simples, no podria conseguirlo; pero al contrario, si empieza este estudio comprehendiendo las reglas de sumar, restar, multiplicar, y partir, que son las mas simples, facilmente llegará á entender las de proporcion y arte combinatoria. CARTESIO deseaba mucho la observancia de esta regla del método, y no puede negarse que en sus escritos resplandece generalmente un método admirable. El P. MALLEBRANCHE la observó tan estrechamente, que en su famosa obra de la Inquisicion de la verdad, apenas se hallará un capítulo que pueda entenderse, sin entender primero los antecedentes. BOHERAAVE entre los Médicos guardó un método rigurosísimo, y tambien BORELLO y BELLINI, siendo preciso confesar, que el buen método es muy raro en los libros de Medicina. Si todos estos célebres Escritores hubieran sido tan sólidos en la doctrina, como exâctos en el método, fueran dignos de la estimacion general de los sabios. Para tratar llenamente un asunto es menester poner todo lo que de él convenga saberse, procurando juntar lo breve y seguro del método con la plenitud de la doctrina. Las difiniciones, divisiones, raciocinios bien ordenados, y segun las reglas que arriba hemos prescrito, hacen el complemento del buen método.
[Nota a: Cicer. de Natur. Deor. lib. 4. cap. 4.]
[Nota b: Ordinis haec virtus erit, & Venus, aut ego fallor, Ut jam nunc dicat, jam nunc debentia dici. Pleraque differat, & praesens in tempus omittat. Hor. Art. Poet. v. 42.]
[130] Dúdase, si se ha de usar en todos los discursos, ya sean de palabra, ya por escrito, gobernados por la Lógica, del método geométrico, que es el de los Matemáticos, o del de las Escuelas. CARTESIO trabajó mucho en introducir para todas las cosas el método geométrico. El P. MALLEBRANCHE trabajó en esto mas que Cartesio, bien que siguiendo sus pisadas. La mayor parte de los modernos, como de tropel, así como se dexaron llevar del sistema Cartesiano, quisieron tambien imitar su método de escribir. El perjuicio que en esta generalidad han causado á las letras, lo conocen todos los que saben los verdaderos caminos de hallar la verdad; y si se hubieran contentado con esto fuera menos malo; mas el caso es, que han tratado con desprecio el método escolástico, tirando con toda suerte de invectivas á hacerle odioso para desterrarle del mundo. Los de las Escuelas, queriendo defenderse, han hablado tambien contra los modernos y su método, y unos y otros mantienen la porfia sin desistir de su partido. Lo que dicta la buena Lógica es, que uno y otro método deben entenderse y usarse, segun fuese la materia que se trata, porque unos asuntos se compondrán muy bien con el método geométrico, y otros con el escolástico. El método geométrico pide difiniciones, divisiones, axîomas, postulados, que se sientan como presupuestos y concedidos para establecer las proposiciones. Pero son muchísimos los puntos de las Ciencias, en los quales no caben difiniciones, divisiones, &c. ¿Cómo se ha de difinir una cosa al principio de una qüestion, en que se disputan los predicados esenciales de ella? ¿Y cómo se ha de dividir aquello de quien no constan, y todavía se disputan las partes de que se compone? No pueden sentarse axîomas que sean disputables, ni admitirse postulados de cosas que están en controversia. PEDRO DANIEL HUECIO, Obispo de Avranches, ha probado esto contra el método geométrico al principio de sus Demonstraciones evangélicas.