—¿Pero él?...
—También él...
—Pero... vamos por partes... ¿se te ha declarado?
—Casi.
—Con «casi» no hacemos nada... ¡claridad! ¡claridad!...
—Bueno... sí... se me ha declarado.
—Y tú, ¿qué le has respondido?
Inesita casi me ahoga entre sus brazos: «¡¡Que sí!!...»
Mi alegría no tiene límites: «¡Inesita de mi vida, angelito, hermana mía, no sabes lo feliz que me haces! Con Jorge, con Jorgito, contigo, con Raúl... ¡todos juntos! ¡qué lástima que la vida no sea eterna! ¡Nuestra dicha no va a caber en el mundo: va a necesitar todos los espacios del cielo!...»
Abro el piano y toco una marcha nupcial. No sé qué nuevos sonidos arranca mi alegría a las teclas. «Con esta marcha me casé yo; con esta misma te casarás tú».