Una noche entre las noches, el califa Harún Al-Rachid dijo á Giafar Al-Barmaki: «Quiero que recorramos la ciudad, para enterarnos de lo que hacen los gobernadores y kadíes. Estoy resuelto á destituir á aquellos de quienes me den quejas.» Y Giafar respondió: «Escucho y obedezco.»
Y el califa, y Giafar, y Massrur el portaalfanje salieron disfrazados por las calles de Bagdad; y he aquí que en una calleja vieron á un anciano decrépito que á la cabeza llevaba una banasta y una red de pescar, y en la mano un palo; y andaba pausadamente, canturriando estas estrofas:
Me dijeron: «¡Por tu ciencia, ¡oh sabio! eres entre los humanos como la luna en la noche!»
Yo les contesté: «¡Os ruego que no habléis de ese modo! ¡No hay más ciencia que la del Destino!»
Porque yo, con toda mi ciencia, mis manuscritos, mis libros y mi tintero, no puedo desviar la fuerza del Destino ni un solo día! ¡Y los que apostasen por mí perderían su apuesta!
¡Nada, en efecto, hay más desolador que el pobre, el estado del pobre y el pan y la vida del pobre!
¡En verano, se le agotan las fuerzas! ¡En invierno, no dispone de abrigo!
¡Si se para, le acosarán los perros para que se aleje! ¡Cuán mísero es! ¡Ved cómo para él son todas las ofensas y todas las burlas! ¿Quién es más desdichado?
Y si no clama ante los hombres, si no pregona su miseria, ¿quién le compadecerá?