Entonces el visir llegó al colmo de la alegría, é inmediatamente ordenó á sus esclavos que preparasen el festín y adornasen é iluminasen la sala de recepción, la más espaciosa de todas, reservada especialmente al más grande entre los emires.
Después reunió á todos sus amigos, é invitó á todos los nobles del reino y á todos los mercaderes de Bassra, y todos acudieron á presentarse entre sus manos. Entonces, el visir, para explicarles el haber elegido á Nureddin con preferencia á todos los demás, les dijo: «Yo tenía un hermano que era visir en Egipto, y Alah le había favorecido con dos hijos, como á mí me favoreció con una hija, según sabéis. Mi hermano, poco antes de morir, me encargó que casara á mi hija con uno de sus hijos, y yo se lo prometí. Y precisamente este joven á quien veis es uno de los dos hijos de mi hermano el visir de Egipto. Ha venido á Bassra con tal objeto. ¡Y mi mayor anhelo es que se escriba su contrato con mi hija, y que viva con ella en mi casa!»
Entonces contestaron todos: «¡Sea como dices! ¡Ponemos sobre nuestra cabeza cuanto hagas!»
Y todos tomaron parte en el gran festín, bebieron toda clase de vinos, y comieron una cantidad prodigiosa de pasteles y confituras. Y después, rociada la sala con agua de rosas, según costumbre, se despidieron del visir y de Nureddin.
Entonces el visir mandó á sus esclavos que llevasen á Nureddin al hammam y le diesen un buen baño. Y el visir le regaló uno de sus mejores trajes entre sus trajes, y después le envió toallas, palanganas de cobre, pebeteros y todas las demás cosas necesarias para el baño. Y Nureddin se bañó y salió del hammam con su traje nuevo, y estaba más hermoso que la luna llena en la más bella de las noches. Después Nureddin cabalgó en su mula torda, encaminándose hacia el palacio del visir, y al pasar por las calles le admiraban todos, elogiando su hermosura y la obra de Alah. Y descendió de la mula, entró en casa del visir y le besó la mano. Entonces el visir...
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.
PERO CUANDO LLEGÓ
LA 20.ª NOCHE
Ella dijo:
He llegado á saber, ¡oh rey afortunado! que entonces el visir se levantó, acogiendo con júbilo al hermoso Nureddin y diciéndole: «Entra, ¡oh hijo mío! en la cámara de tu esposa, y sé dichoso. Mañana te llevaré á ver al sultán. Y ahora sólo me resta implorar de Alah que te conceda todos sus favores y todos sus bienes.»