Entonces Nureddin besó otra vez la mano del visir su suegro, y entró en el aposento de la doncella. ¡Y sucedió lo que había de suceder!

Y esto fué lo referente á Nureddin.

En cuanto á Chamseddin su hermano... he aquí lo que ocurrió. Terminada la expedición que hizo con el sultán de Egipto, hacia el lado de las Pirámides, regresó inmediatamente á su casa. Y se inquietó mucho al no encontrar á su hermano Nureddin. Y preguntó por él á sus esclavos, que le respondieron: «Nuestro amo Nureddin, el mismo día que te fuiste con el sultán, montó en una mula enjaezada con gran lujo, como en los días solemnes, y nos dijo: «Me voy hacia la parte de Kaliubia, estaré fuera unos días, pues noto opresión en el pecho y necesito aire libre; pero que no me siga nadie.» Y desde entonces no hemos vuelto á tener noticias suyas.»

Entonces Chamseddin deploró mucho la ausencia de su hermano, y fué aumentando su dolor de día en día, hasta que acabó por convertirse en una aflicción inmensa. Y pensaba: «Seguramente, el motivo de que se haya marchado no es otro que aquellas palabras tan duras que le dije la víspera de mi viaje con el sultán. Y esto y no otra cosa le ha obligado á huir. Pero es preciso que repare la falta cometida contra él y disponga que lo busquen.»

Y Chamseddin fué inmediatamente á ver al sultán, y le refirió lo que ocurría. Y el sultán mandó escribir mensajes autorizados con su sello y los envió con emisarios de á caballo en todas direcciones á todos sus lugartenientes de todas las comarcas, y les decía en estos pliegos que Nureddin había desaparecido y que precisaba buscarle fuese donde fuese.

Pero transcurrido algún tiempo, todos los correos regresaron sin ninguna noticia, porque ni uno solo había ido á Bassra, donde estaba Nureddin. Entonces Chamseddin, lamentándose hasta el límite de las lamentaciones, exclamó: «¡Mía es toda la culpa! ¡Todo esto me ocurre por mi poco tacto y mi falta de discreción!»

Pero como todo tiene su término, Chamseddin acabó por consolarse, y un día pidió en matrimonio á la hija de un gran comerciante del Cairo, hizo su contrato con ella y con ella se casó. ¡Y sucedió lo que había de suceder!

Y se dió la coincidencia de que la misma noche que penetró Chamseddin en la cámara nupcial, fué justamente la misma en que Nureddin penetró en el aposento de la hija del visir de Bassra. Y permitió Alah esta coincidencia del matrimonio de los dos hermanos en la misma noche, para demostrar que manda en el destino de las criaturas.

Y todo se verificó además según lo habían combinado los dos hermanos antes de su querella, pues las dos esposas quedaron preñadas la misma noche: parieron el mismo día y á la misma hora, y la de Chamseddin, visir de Egipto, parió una niña cuya hermosura no tuvo igual en todo el país, y la de Nureddin, de Bassra, dió á luz un niño tan hermoso que no había otro como él en todo el mundo. Ya lo dijo el poeta:

¡El niño!... ¡Cuan delicado es!... ¡Y que gentil! ¡Y qué gracioso!... ¡Beber su boca! ¡Beber esta boca hace olvidar las cosas llenas y los vasos desbordantes!