¡Beber en sus labios, apagar la sed en la frescura de sus mejillas y mirarse en el manantial de sus ojos, es olvidar la púrpura de los vinos, sus aromas, su sabor y toda su embriaguez!
¡Si viniese la misma Belleza á compararse con este niño, bajaría humillada la cabeza!
Y si le preguntaseis: «¡Oh Belleza! ¿Qué te parece? ¿Viste jamás nada semejante?» Ella contestaría: «¡Como él, verdaderamente, ninguno!»
Al hijo de Nureddin se le llamó Hassán Badreddin, á causa de su hermosura[3].
Su nacimiento motivó grandes regocijos públicos. Y el séptimo día se dieron fiestas y banquetes dignos de príncipes.
Terminados los festejos, el visir de Bassra fué con Nureddin á ver al sultán. Entonces Nureddin besó la tierra entre las manos del sultán, y como estaba dotado de una gran elocuencia y era muy versado en las bellezas literarias, le recitó estos versos del poeta:
¡Ante él se inclina y se eclipsa, el mayor de los bienhechores; pues ha conquistado el corazón de todos los seres elegidos!
¡Canto sus obras, aunque no son obras, sino cosas tan bellas que debería formarse con ellas un collar que adornara el cuello!
¡Y si beso la punta de tus dedos, es porque no son dedos, sino la llave de todos los beneficios!
Tanto gustaron al sultán estos versos, que obsequió espléndidamente á Nureddin y á su suegro el visir, ignorando aún lo del matrimonio y cuanto se relacionaba con su existencia, por lo cual preguntó al visir después de haber felicitado á Nureddin: «¿Quién es este joven tan hermoso y tan elocuente?»