Y recitados los versos, dijo el corredor al visir: «¡Oh noble El-Faldl! te anuncio que ha parecido la esclava que tuviste la bondad de encargarme que buscara, y está á tu disposición.» Y el visir dijo: «Tráela para que yo la vea.» Y regresó á su palacio, adonde una hora después llegaba el corredor con la esclava. Únicamente diré para describirla que era de una esbeltez deliciosa, de pechos rectos y gloriosos, párpados oscuros, ojos de noche, mejillas redondas, fina barbilla adornada con un hoyuelo, caderas poderosas y sólidas, cintura de abeja y nalgas soberanas. Iba vestida de telas raras y escogidas. Pero olvidaba decirte, ¡oh rey! que su boca era una flor, su saliva jarabe, sus labios nuez moscada y su cuerpo fino y flexible como una tierna rama de sauce. Su voz, canto de la brisa, era más agradable que el céfiro que se perfuma al pasar entre las flores de los jardines. Y era digna de estos versos del poeta:
¡Su piel es más suave que la seda, su voz canta como el agua, con las ondulaciones del agua, y como ella también reposada y pura!
¡Y sus ojos! Alah dijo: «¡Sed!» y fueron hechos. ¡Son la obra de un Dios! ¡Y su mirada turba á los humanos más que el vino y su fermento!
¡Pensando en ella en las horas nocturnas, mi alma se turba y mi cuerpo arde! ¡Y al pensar en su crencha, negra como la noche, y en su frente de aurora, iluminadora de la mañana, me siento morir!
Y á causa de sus gracias y de su dulzura, la llamaron desde la pubertad Dulce-Amiga.
Por eso cuando la vió el visir quedó completamente maravillado, y preguntó al corredor: «¿Qué precio tiene esta esclava?» Y el otro contestó: «Su amo pide diez mil dinares, y en eso hemos quedado, porque me parece justo. Pero él jura que pierde al venderla en ese precio por una porción de cosas que yo quisiera que oyeses de sus mismos labios.» Entonces el visir dijo: «Pues que venga en seguida.»
El corredor salió en busca del amo de la esclava y lo llevó ante el visir. Y el visir vió que el amo de la maravillosa joven era un persa viejísimo, aniquilado por la edad, que lo había reducido á huesos y pellejo. Como dice el poeta:
¡El Tiempo y el Destino me envejecieron; mi cabeza tiembla y mi cuerpo se viene abajo! ¿Quién es capaz de resistir á la fuerza y la violencia del Tiempo?
¡Hace muchos años me tenía derecho y erguido y andaba hacia el sol! ¡Ahora, caído de aquella altura, mi compañía es la enfermedad, y la inmovilidad mi amada!