¡Ya einí!...
Si mi amigo atiende á esas voces, debe huir lo más lejos posible! Pero ¿podrá olvidar que me debe todas las delicias y todas las locuras de nuestro amor? ¡Oh locuras y delicias de nuestros amores!
¡Ya leilí!...
Dulce-Amiga, después de haber cantado, siguió tañendo el armonioso laúd de cuerdas animadas, y el califa tuvo que reprimirse para no contestar con un «¡Ya einí!» de admiración. Y dijo: «¡Oh Giafar! En mi vida he oído voz tan maravillosa como la de esa esclava.» Giafar, sonriendo, dijo: «Espero que se habrá desvanecido la ira del califa contra su servidor.» Y el califa dijo: «Verdad es ¡oh Giafar! que se ha desvanecido.» Entonces bajaron del árbol, y dijo el califa: «Quiero entrar en el salón, sentarme entre ellos, y oir á esa esclava cantar delante de mí.» Pero Giafar advirtió: «¡Oh Emir de los Creyentes! Si te presentases entre ellos, les molestarías, y el jeique Ibrahim se moriría del susto.» Entonces el califa dijo: «¡Oh Giafar! tienes que indicarme un medio de saber todo lo que se refiere á este lance, sin que ellos lo adviertan ni me conozcan.»
Y el califa y Giafar, mientras pensaban cómo se las compondrían para lograr lo que deseaban, iban avanzando hacia el estanque que estaba en medio del jardín y comunicaba con el Tigris. Contenía una enorme cantidad de peces, que iban á refugiarse allí en busca del alimento que se les echaba. Así es que el califa había sabido que allí acudían algunos pescadores, pues cierto día estaba asomado á una de las ventanas del Palacio de las Maravillas y vió á los pescadores, y dió orden al jeique Ibrahim de que no les permitiese la entrada en el jardín ni la pesca en el estanque, encargándole que castigara severamente al que se desmandase.
Pero aquella noche, como había quedado la puerta abierta, entró un pescador, que se había dicho: «¡He aquí una buena ocasión de hacer una pesca magnífica!» Y se llamaba Karim este pescador, y era muy conocido entre todos los pescadores del Tigris. Echadas las redes en el estanque, se puso á esperar, mientras recitaba estos versos:
¡Oh tú que viajas por el agua! ¡Al viajar olvidas los peligros y la perdición! Pero ¿cuándo dejarás de inquietarte, cuándo te convencerás de que la fortuna nunca viene cuando se la busca?
¿No ves al mar enfurecido y al pescador cansado? ¡Rendido está de cansancio por las noches, mientras las noches están llenas de estrellas, mientras las noches están serenas y llenas de estrellas!
¡Echó su red de cuerdas, la golpean las olas, y sus ojos no miran más que el seno de la red!
¡No hagas como el pescador, oh viajero! ¡Mira! ¡He aquí al hombre que conoce el valor de la vida y de la tierra, que sabe gozar de los días y de las noches, de la tierra y de sus bienes! ¡Es dichoso, su espíritu está tranquilo, y él vive de todos los frutos de la tierra!