¡La joven esbelta y flexible tañía el laúd con las delicadas yemas de sus dedos, y al oirla voló mi alma!
Sonó su voz, y los sordos recobraron el oído, y los mudos rompieron á hablar de pronto, diciendo: «¡Oh qué encanto el de esa voz!»
Y Dulce-Amiga, después de haber cantado esto, siguió pulsando el laúd con arte tan maravilloso, que enloquecía á los que allí estaban. Después sonrió y cantó estas dos estrofas:
¡Con tu pie, joven grácil, pisaste nuestro suelo, que se estremeció de placer, al mismo tiempo que la claridad de tus ojos disipaba las tinieblas de la noche!
¡Oh mancebo querido! ¡cuando te vuelva á ver he de perfumar mi morada con almizcle, resina de olor y agua de rosas!
Y Dulce-Amiga cantó tan admirablemente, que el califa llegó al límite del placer y se apasionó de tal modo, que no pudo reprimir el arrebatado entusiasmo de su alma, y exclamó: «¡Por Alah! ¡Por Alah!» Y Alí-Nur le dijo: «Pescador, ¿te ha encantado la voz de mi esclava y su arte de pulsar las cuerdas armoniosas?» Y contestó el califa: «Sí, ¡por Alah!» Entonces Alí-Nur, no pudiendo reprimir su costumbre de dar á los amigos todo lo que les gustaba, le dijo: «¡Oh pescador! ya que tanto te entusiasma mi esclava, he aquí que te la ofrezco y te la regalo, como obsequio de un corazón generoso que nunca recogió lo que dió una vez. Toma, pues, la esclava. ¡Tuya es desde ahora!» Y Alí-Nur se levantó inmediatamente, cogió su manto, se lo echó al hombro, y sin despedirse siquiera de Dulce-Amiga, se apercibió á abandonar el salón y dejar que el supuesto pescador tomase libremente posesión de la esclava. Entonces Dulce-Amiga, dirigiéndole una mirada llena de lágrimas, le dijo: «¡Oh mi dueño Alí-Nur! ¿Vas á repudiarme de este modo? Detente por favor un momento, sólo para que pueda despedirme de ti. ¡Oye, Alí-Nur!» Y Dulce-Amiga recitó amargamente estas dos estrofas:
¿Vas á huir de mí, ¡oh sangre pura de mi corazón! cuando tu sitio está en este corazón herido, entre mi pecho y mis entrañas?
¡Ah! ¡Te suplico ¡oh tú, el Clemente sin límites! que reúnas á los que se separaron! ¡Que repartas ¡oh Generoso! los beneficios entre los hombres!
Y terminada su lamentación, Dulce-Amiga se aproximó á Alí-Nur y le dijo:
El día de la separación, al despedirse de mí, llorando lágrimas ardientes me dijo: «¿Qué harás ahora, lejos de mí?» Y yo contesté: «¡Oh! ¡Pregúntaselo más bien á quien se queda á tu lado!»