¡No oprimas, porque toda opresión produce la venganza, y toda injusticia la represalia!
¡Porque si duermes después de la injusticia, el oprimido no duerme más que con un ojo, y con el otro te acecha sin cesar! ¡Y el ojo de Alah no se cierra nunca!?
»¡Y tú me has oprimido bastante tiempo para que ahora tenga derecho á regocijarme con tus desgracias y me deleite con tu humillación!» Entonces el lobo dijo: «¡Oh zorro prudente de ideas fértiles y de ingenio inventivo! Eres superior á tus palabras, y seguramente no las piensas, pues las dices en broma. ¡Y en verdad, el caso no es para ello! Te ruego que cojas una soga cualquiera y trates de atar una punta á un árbol para alargarme la otra punta, y yo treparé por ese medio, y saldré de este hoyo.» Pero el zorro se echó á reir, y le dijo: «¡Poco á poco, ¡oh lobo! poco á poco! ¡Primero saldrá tu alma y después tu cuerpo! ¡Y las piedras y guijarros con que van á apedrearte realizarán perfectamente esa separación! ¡Oh animal grosero, de ideas premiosas y de escaso ingenio! Comparo tu suerte con la del HALCÓN Y LA PERDIZ.»
Al oir estas palabras, el lobo exclamó: «¡No entiendo muy bien lo que quieres decirme con eso!»
Entonces el zorro dijo al lobo:
«Sabe ¡oh lobo! que un día fuí á comer algunos granos de uva á una viña. Mientras estaba allí, á la sombra del follaje, vi precipitarse desde lo alto de los aires un gran halcón sobre una perdiz. Pero la perdiz logró librarse de las garras del halcón, y corrió rápidamente á meterse en su escondrijo. Entonces el halcón, que la había perseguido sin poder alcanzarla, se detuvo delante del agujero que servía de entrada al albergue y gritó á la perdiz: «¡Loquita que huyes de mí! ¿Ignoras lo mucho que te quiero? El único motivo que me impulsó á cogerte fué el saber que estás hambrienta, y quería darte el grano que he juntado para ti. ¡Ven, pues, perdicita gentil, sal de tu albergue sin temor y ven á comer el grano! ¡Y ojalá te sea muy gustoso, y se alivie tu corazón, perdiz de mis ojos y de mi alma!» Cuando la perdiz oyó este lenguaje, salió confiada de su escondite; pero en seguida el halcón se lanzó sobre ella, le clavó las terribles garras en las carnes, y de un picotazo la despanzurró. Y la perdiz, antes de morir, dijo: «¡Oh maldito traidor! ¡Permita Alah que mi carne se convierta en veneno dentro de tu vientre!» Y murió. En cuanto al halcón, la devoró en un abrir y cerrar de ojos, pero en seguida le vino el castigo por la voluntad de Alah; pues apenas llegó la perdiz al vientre del traidor, cuando éste vió que se le caían todas las plumas, como por efecto de una llama interior, y cayó inanimado al suelo.»
«Y tú ¡oh lobo!—prosiguió el zorro—has caído en ese hoyo por haberme dado muy mala vida y haber humillado mi alma hasta el límite de la humillación.»
Entonces el lobo dijo al zorro: «¡Oh compañero, ayúdame! Da de lado todos esos ejemplos que me citas, y olvidemos lo pasado. ¡Bien castigado estoy, pues heme aquí en un hoyo, en el cual he caído á riesgo de romperme una pata ó estropearme los ojos! ¡Trataremos de salir de este mal paso, pues no ignoras que la amistad más firme es la que nace después de una desgracia, y que el amigo verdadero está más cerca del corazón que un hermano! ¡Ayúdame á salir de aquí, y seré para ti el mejor de los amigos y el más cuerdo de los consejeros!»
Pero el zorro se echó á reir con más ganas, y dijo al lobo: «¡Veo que ignoras las PALABRAS DE LOS SABIOS!» Y el lobo, pasmado, le preguntó: «¿Qué palabras y á qué sabios te refieres?» Y el zorro dijo: