PERO CUANDO LLEGÓ
LA 153.ª NOCHE
Ella dijo:
...diez muchachas que tenían cada una en la mano un instrumento de cuerda.
Y á una señal de la esclava favorita, aquellas jóvenes tocaron á un tiempo un preludio dulcísimo. Y el príncipe Alí, cuyo corazón estaba lleno del recuerdo de Schamsennahar, sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas. Y dijo á su amigo Abalhassan: «¡Ah, hermano mío, cuán conmovida siento mi alma! ¡Esos acordes me hablan en un lenguaje que la hace llorar, sin saber á punto fijo por qué!» Abalhassan dijo: «¡Mi joven señor, tranquiliza tu alma y presta toda tu atención á este concierto, que promete ser admirable, gracias á la hermosa Schamsennahar, que seguramente llegará pronto!»
Y en efecto, apenas Abalhassan había pronunciado estas palabras, cuando las diez mujeres se levantaron á la vez, y unas pulsando las cuerdas, y agitando otras rítmicamente sus panderetillas, entonaron este canto:
¡Azul, nos miras con sonrisa de felicidad! ¡Y he aquí que la luna levanta sus lienzos de nube, para velarse confusa! ¡Y el sol, sol vencedor, huye también y no brilla ya!
Y el coro se detuvo aguardando la respuesta, que cantó una de las diez jóvenes:
¡He aquí nuestra luna que avanza! ¡Y viene porque el sol nos ha visitado, un sol juvenil y principesco, que ha venido á rendir tributo á Schamsennahar!