Entonces el príncipe Alí, que representaba á aquel sol, miró á la parte opuesta, y vió acercarse doce negras jóvenes, que llevaban en hombros un trono de plata maciza cubierto con un dosel de terciopelo, y en el cual estaba sentada una joven tapada con un gran velo de seda que flotaba por delante del trono. Y aquellas negras llevaban el pecho desnudo y las piernas desnudas; y una faja de seda y oro, ajustada á la cintura, hacía resaltar las opulentas nalgas de las cargadoras. Y cuando llegaron adonde estaban las cantarinas, dejaron suavemente en el suelo el trono de plata y retrocedieron hasta debajo de los árboles.
Entonces una mano apartó el velo de seda, y brillaron unos ojos en un rostro de luna: era Schamsennahar. Llevaba un gran manto azul en fondo de oro, constelado de perlas, diamantes y rubíes, todo ello de una calidad y un precio incalculables. Apartadas las cortinas del trono, Schamsennahar se despojó completamente del velo de seda, y miró sonriendo al príncipe Alí, é inclinó levemente la cabeza. Y el príncipe Alí, suspirando, la miró, y con el lenguaje mudo de los ojos se dijeron en pocos instantes más cosas de las que hubieran podido decirse en mucho tiempo.
Schamsennahar pudo por fin separar sus miradas de los ojos de Alí ben-Bekar, para mandar á sus doncellas que cantaran. Entonces una de ellas se apresuró á templar el laúd, y cantó:
¡Oh Destino! Cuando dos amantes, atraídos entre sí, se encuentran dignos el uno del otro y se unen en un beso, ¿quién tiene la culpa más que tú?
Y la amante dice: ¡Oh corazón mío, dame otro beso! ¡Te lo devolveré con el mismo calor que tenga el tuyo! ¡Y si quisieras que tuviera más calor, cuán fácil me sería complacerte!
Entonces Schamsennahar y Alí ben-Bekar suspiraron; y otra joven cantó, obedeciendo á una seña de la hermosa favorita:
¡Oh muy amado! ¡Luz que ilumina el espacio en que están las flores, como los ojos del muy amado!
¡Oh carne que filtras la bebida de mis labios! ¡oh carne tan dulce para mis labios!
¡Oh muy amado! Cuando te encontré, la Belleza me detuvo para decirme entusiasmada:
¡Helo aquí! ¡Ha sido modelado por dedos divinos! ¡Es una caricia, es como un bordado magnífico!