¡Mis mejillas están regadas incesantemente por el licor de mis ojos!

¡La copa en que pongo mis labios se llena con mis lágrimas más que con el vino del copero!

¡Por Alah! ¡oh corazón mío, bebe de este licor! ¡Te infundirá mi alma, que se escapa de mis ojos!

En este momento Schamsennahar se sintió dominada completamente por las notas conmovedoras de las canciones, y cogiendo un laúd de manos de una de las esclavas entornó los ojos, y con toda el alma cantó estas estrofas admirables:

¡Oh luz de mis ojos! ¡oh hermosura de la gacela joven! ¡Si te alejas, me muero; si te acercas, me embriago! ¡Vivo ardiendo, y gozando me extingo!

¡La olorosa brisa nació del soplo de tu aliento; de tu aliento, que embalsama las noches del desierto y las tibias noches bajo las palmeras admirables!

¡Oh brisa que estás enamorada de su contacto amado! ¡Tengo celos de ese beso que robas en el lunar de su barbilla y en el hoyuelo de sus mejillas! ¡Porque tu caricia es tan intensa, que toda su carne se estremece!

¡Jazmines de su vientre bajo el ligerísimo vestido, jazmines de su piel suave y blanca como una piedra de luna!

¡Saliva de su boca que amo, capullo de sus labios sonrosados! ¡Ah, las mejillas húmedas y los ojos cerrados después de los abrazos de amor!

¡Oh corazón mío! ¡Te extravías en los deliciosos repliegues de una carne de pedrería! ¡Ten cuidado! ¡El amor te acecha, y sus flechas están preparadas!