Entonces la joven le dió expresivas gracias por sus palabras y por todas sus atenciones, y le dejó. Y Abalhassan se pasó el resto del día en la tienda, pero la cerró más temprano que de costumbre para correr á casa de su amigo Ben-Bekar...
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.
PERO CUANDO LLEGÓ
LA 157.ª NOCHE
Ella dijo:
...para correr á casa de su amigo Ben-Bekar. Y llamó á la puerta, que el portero vino á abrir, y al entrar encontró á su amigo rodeado de un gran círculo de médicos de todas clases, y de parientes y amigos. Y unos le tomaban el pulso, otros le prescribían cada cual un remedio completamente distinto, y las viejas porfiaban echando á los médicos miradas de reojo, de tal modo, que el joven sentía que se le oprimía el alma de impaciencia; y sin fuerzas ya para no ver ni oir nada, metió la cabeza debajo de las mantas, tapándose las orejas con ambas manos.
Pero en aquel momento Abalhassan avanzó hacia su cabecera, y le dijo sonriendo: «¡La paz sea contigo!» El joven contestó: «¡Y contigo la paz y los beneficios de Alah con sus bendiciones! ¡Plegue á Alah que seas portador de noticias tan blancas como tu cara, ¡oh amigo mío!» Entonces Abalhassan, que no quería hablar delante de todos aquellos visitantes, se contentó con guiñar un ojo; y cuando se marchó toda la gente abrazó á su amigo y le contó todo lo que le había dicho la esclava. Y añadió: «¡Puedes estar seguro ¡oh hermano mío! de que mi alma entera te pertenece! ¡Y no descansaré hasta haberte devuelto la tranquilidad del corazón!» Y tanto le conmovió el proceder de su amigo, que lloró con toda su alma, y dijo: «¡Te ruego que completes tus bondades pasando conmigo esta noche, para que yo pueda conversar contigo y distraer los pensamientos que me atormentan!» Y Ben-Taher accedió á su deseo, y se quedó con él recitándole poemas de amor. Versos dedicados al amigo y versos referentes á la muy amada. Y he aquí, entre otros mil, los versos en honor de la amada:
¡Atravesó con el acero de su mirada la visera de mi casco, y ató para siempre mi alma á la flexibilidad de su cintura!
¡Completamente blanca se aparece á mis ojos con el grano de almizcle que adorna el alcanfor de su barba!