¡Si tiembla, súbitamente asustada, el coral de sus mejillas toma la palidez de las perlas ó el mate del azúcar cande.

¡Si suspira apesarada, apoyando la mano en el pecho desnudo, ¡oh ojos míos! contad el espectáculo que veis!

¡Vemos—dicen mis ojos—un hermoso lago, del cual brotan cinco cañas cuya punta está adornada con coral de rosas!

¡Oh guerrero! ¡no creas que tu alfanje bien templado pueda guardarte de sus hermosos párpados!

¡No tiene lanza para atravesarte, pero has de temer á su cintura recta! ¡Haría de ti, en un momento, el más humilde de sus esclavos!

Y estos otros:

¡Su cuerpo es un ramo de oro; sus pechos, dos copas redondas y transparentes que reposan boca abajo! ¡Sus labios de granada están perfumados con su aliento!

Pero entonces Abalhassan, al ver á su amigo excesivamente impresionado con estos versos, dijo: «¡Oh Alí! ¡voy á cantarte aquellas estrofas que tanto gustabas de recitar á mi lado en el zoco! ¡Ojalá deposite un bálsamo en tu herida! Escucha, pues, amigo mío, estas palabras maravillosas del poeta:

¡El oro de la copa es admirable bajo el rubí de ese vino, ¡oh copero!