¡Dispersa todas las penas del pasado sin pensar en el mañana, toma esa copa en que se bebe el olvido y embriágame completamente!

¡Tú solo has nacido para comprenderme! ¡Ven! ¡Te revelaré los secretos de un corazón que se oculta receloso!

¡Pero apresúrate! ¡Escánciame ese origen de alegría, ese licor de olvido! ¡Sírvemelo, niño de mejillas más suaves que el beso de las vírgenes!»

Al oir este canto, el príncipe Alí se sintió en tal estado de pesadumbre por los recuerdos que le acudían á la memoria, que se echó á llorar. Y Abalhassan no supo qué decirle para calmarle, y se pasó también toda aquella noche á su cabecera velándole, sin pegar los ojos ni un momento. Por la mañana se decidió á marcharse, para abrir la tienda, que tanto había descuidado en aquel tiempo. Y estuvo allí hasta la noche. Pero cuando se disponía á irse y acababa de encerrar las telas, vió llegar, toda cubierta con un velo, á la joven esclava de Schamsennahar, que, después de las zalemas de costumbre, le dijo: «¡Mi ama os envía á ti y á Ben-Bekar sus saludos de paz, y me encarga que venga á saber de su salud!» El otro contestó: «¡Oh joven esclava! ¡No me preguntes por su salud, pues mi respuesta sería muy triste! ¡No duerme, ni come, ni bebe! ¡Los versos son lo único que le consuela! ¡Si vieras lo pálido de su rostro!» La esclava dijo: «¡Qué desgracia tan grande ha caído sobre nosotros! Mi ama también está muy enferma, y me ha entregado para él esta carta que llevo oculta en el pelo. Y me ha encargado que no vuelva sin la respuesta. ¿Quieres acompañarme á casa de tu amigo, pues yo no sé dónde vive?» Abalhassan dijo: «¡Escucho y obedezco!» Y se apresuró á cerrar la tienda y echó á andar, marchando diez pasos delante de la confidente, que le seguía...

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

PERO CUANDO LLEGÓ
LA 158.ª NOCHE

Ella dijo:

...diez pasos delante de la confidente, que le seguía. Y cuando llegaron á la casa de Ben-Bekar, dijo á la joven, invitándola á sentarse en la alfombra de la entrada: «Aguárdame aquí unos momentos. Voy á enterarme de si hay gente extraña.» Y entró en casa de Ben-Bekar y le guiñó el ojo. Ben-Bekar entendió la seña, y dijo á los que le rodeaban: «¡Con vuestro permiso! ¡Me duele el vientre!» Y comprendiendo lo que quería decir, se retiraron después de las zalemas, dejándole solo con Abalhassan. Y en cuanto se fueron, Abalhassan corrió á buscar á la esclava, y la presentó á su amigo. Y éste, sólo con ver á la que le recordaba á Schamsennahar, se sintió mucho más animado, y dijo: «¡Oh deliciosa emisaria! ¡Bendita seas!» La joven se inclinó dándole las gracias y le entregó la carta de Schamsennahar. Ben-Bekar la cogió, se la llevó á los labios y á la frente, y como estaba demasiado débil para poder leer, se la entregó á Abalhassan, que encontró en ella, escritos por la mano de la favorita, unos versos en que se narraban, en los términos más conmovedores, todas sus penas de amor. Y como Abalhassan supuso que la tal lectura agravaría el estado de su amigo, se limitó á resumir la carta en algunas frases, y añadió: «¡Voy ahora á encargarme de la respuesta, y tú la firmarás!» Y así se hizo. Ben-Bekar quiso que el sentido de la respuesta expresara lo siguiente: «¡Si el amor no conociese para nada el dolor, los amantes no experimentarían tanta delicia al escribirse!» Y antes de despedirse, encargó á la esclava que contase á su señora el dolor en que le había encontrado. Después le entregó la respuesta, regándola con lágrimas, y la confidente se conmovió tanto que también se echó á llorar, y por fin se retiró deseándole la paz del corazón. Y Abalhassan salió también para acompañar á la esclava, y no la dejó hasta llegar á la tienda, en donde se despidió de la confidente, y se volvió á su casa.