Y al llegar á ella, se puso á reflexionar por primera vez acerca de la situación, y sentándose en el diván, se habló de este modo:

«¡Oh Abalhassan! ¡ya ves que la cosa empieza á ponerse muy grave! ¿Qué sucedería si el califa llegara á enterarse de este asunto? ¿Qué sucedería? ¡Realmente quiero tanto á Ben-Bekar, que estoy dispuesto á sacarme un ojo para dárselo! ¡Pero piensa, Abalhassan, que tienes familia, madre, hermanas y hermanos! ¡Cuánto infortunio puedes originarles con tu imprudencia! ¡Esto no puede durar así! ¡Mañana mismo iré á buscar á Ben-Bekar, y trataré de disuadirle de un amor que puede tener consecuencias tan deplorables! ¡Y si no me hace caso, Alah me inspirará la conducta que haya de seguir!» Y al otro día, Abalhassan, con el pecho oprimido por sus pensamientos, fué en busca de su amigo Ben-Bekar, le deseó la paz y le dijo: «¿Cómo te encuentras, Alí?» Y él respondió: «¡Peor que nunca!» Y Abalhassan le dijo: «¡En mi vida he oído hablar de una aventura parecida á la tuya, ni conocido un enamorado más raro que tú! ¡Sabes que Schamsennahar te quiere tanto como tú á ella, y á pesar de esta seguridad, tu estado se agrava cada día! ¿Qué pasaría si tu amada no compartiera tu afecto y fuera como la mayor parte de las mujeres, que aman sobre todas las cosas el engaño y la intriga? ¡Pero ante todo, ¡oh Alí! piensa en las desgracias que caerían sobre nuestras cabezas si de esta intriga se enterase el califa! ¡Y nada tiene de improbable que así ocurra, pues las idas y venidas de la confidente despertarán la atención de los eunucos y la curiosidad de las esclavas; y entonces sólo Alah podrá saber el límite de nuestras calamidades! ¡Créeme, Alí; con persistir en este amor sin salida, te expones á perderte á ti mismo, y además á Schamsennahar! ¡Y no hablo de mí, que en un abrir y cerrar de ojos quedaría borrado de entre los vivos, lo mismo que toda mi familia!»

Pero Ben-Bekar, dando las gracias á su amigo por el consejo, le declaró que su voluntad no le pertenecía, á pesar de todas las desdichas que pudieran sobrevenirle.

Entonces Abalhassan, viendo que todas las palabras serían baldías, se despidió de su amigo, y presa de grandes preocupaciones sobre el porvenir, emprendió el camino de su casa.

Entre los amigos que visitaban á Abalhassan figuraba un joven joyero muy amable, llamado Amín, cuya discreción había podido apreciar en muchas ocasiones. Y justamente fué á visitarle el joyero cuando Abalhassan, apoyado en unos almohadones, estaba lleno de perplejidad. Y después de las zalemas de costumbre, se sentó á su lado en el diván, y como era el único que estaba algo al corriente de aquella intriga amorosa, le preguntó: «¡Oh Abalhassan! ¿cómo van los amores de Alí ben-Bekar y Schamsennahar?» Abalhassan contestó: «¡Oh Amín! ¡ténganos Alah en su misericordia! ¡Temo que nada bueno me presagien!...

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

PERO CUANDO LLEGÓ
LA 159.ª NOCHE

Ella dijo:

»...¡Temo que nada bueno me presagien! Y como sé que eres hombre de fiar y un buen amigo, quiero revelarte el proyecto que tengo pensado, para librar á mi familia y á mí mismo de este trance peligroso.» Y el joven joyero dijo: «¡Puedes hablar con toda confianza, ¡oh Abalhassan! ¡Encontrarás en mí un hermano dispuesto á toda abnegación para servirte!» Y Abalhassan dijo: «Tengo pensado ¡oh Amín! cobrar lo que me deben, pagar mis deudas, vender con rebaja mis mercancías, realizar todo cuanto pueda, y marcharme muy lejos, por ejemplo, á Bassra, donde aguardaré los acontecimientos. Porque ¡oh Amín! esta situación se va haciendo intolerable, y no puedo vivir desde que me asedia el temor de que me denuncien como cómplice de toda esta intriga amorosa. ¡Es muy probable que acabe por saberlo todo el califa!»