PERO CUANDO LLEGÓ
LA 187.ª NOCHE
Ella dijo:
...Kamaralzamán sentado tranquilamente en la cama y leyendo con atención el Korán! Se acercó á él, y después de la zalema más respetuosa, se sentó en el suelo cerca del lecho, y le dijo: «¡Cómo nos ha alarmado este eunuco de betún! ¡Figúrate que este hijo de zorra se presentó trastornado y con facha de perro sarnoso á asustarnos, contándonos cosas que sería indecente repetir delante de ti! ¡Turbó nuestra quietud de tal manera, que estoy alborotado todavía!» Y Kamaralzamán dijo: «¡Verdaderamente, no os habrá molestado más de lo que me ha molestado á mí hace poco! ¡Pero ¡oh visir de mi padre! me alegraría mucho saber lo que os pudo contar!» El visir contestó: «¡Alah preserve tu juventud! ¡Alah robustezca tu entendimiento! ¡Aleje de ti las acciones no mesuradas y libre á tu lengua de las palabras sin sal! ¡Este hijo de bardaje afirma que te has vuelto loco de repente, y le has hablado de una joven que pasó la noche contigo, y que luego te acaloraste con otras insensateces semejantes, y que has acabado por molerle á golpes y echarle al pozo! ¡Oh Kamaralzamán! ¿No es verdad que todo se reduce á una osadía de ese negro podrido?»
Oídas tales palabras, Kamaralzamán se sonrió con aire de superioridad, y dijo al visir: «¡Por Alah! ¿Has acabado con las chanzas, viejo sucio, ó quieres también enterarte de si el agua del pozo sirve para el hammam? ¡Te advierto que si ahora mismo no me dices lo que mi padre y tú habéis hecho con mi amante, la joven de hermosos ojos negros y mejillas frescas y sonrosadas, me pagarás tus astucias más caras que el eunuco!» Entonces, sobrecogido otra vez el visir por una inquietud sin límites, se levantó andando hacia atrás, y dijo: «¡El nombre de Alah sobre ti y alrededor de ti! ¡Ya Kamaralzamán! ¿por qué hablas de esa manera? ¡Si es que has soñado eso á consecuencia de una mala digestión, apresúrate por favor á disipar el sueño! ¡Ya Kamaralzamán, esta conversación no es razonable!»
Al oir tales palabras, el joven exclamó: «¡Para demostrarte ¡oh jeque de maldición! que no he visto á la joven con las orejas, sino con este ojo y este otro, y que no he palpado y olido las rosas de su cuerpo con los ojos, sino con estos dedos y esta nariz, toma!» Y le dió un cabezazo en el vientre que lo tiró al suelo, y después le agarró las barbas, que llevaba muy largas, y se las enrolló alrededor de la muñeca, y seguro de que no podía escaparse, empezó á darle recios golpes todo el tiempo que se lo permitieron sus fuerzas.
El desdichado gran visir, viendo que perdía las barbas pelo á pelo, y que también el alma estaba á punto de despedirse, se dijo para sí: «¡Ahora tengo que mentir! ¡Es el único medio de librarme de las manos de este loco!» Por lo tanto, le dijo: «¡Oh mi señor! ¡Te ruego que me perdones por haberte engañado! La culpa es de tu padre, que me encargó mucho, so pena de horca inmediata, que no te revelara todavía el sitio en que se ha depositado á la joven consabida. Pero si quieres soltarme, voy á escape á suplicar al rey tu padre que te saque de esta torre, y le daré cuenta de tu deseo de casarte con la joven. ¡Lo cual le alegrará hasta el límite de la alegría!»
Al oir estas palabras, Kamaralzamán le soltó y le dijo: «¡En tal caso, ve pronto á avisar á mi padre, y vuelve á traerme inmediatamente la contestación!»
En cuanto el visir se vió libre, se precipitó fuera del aposento, cuidando de cerrar la puerta con doble vuelta de llave, y corrió, fuera de sí y con la ropa hecha pedazos, á la sala del trono.